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¿Mexicanos al grito de guerra?

“El nacionalismo se cura viajando.”

Pío Baroja

Leo y escucho palabras de indignación por todos lados. Incluso algunos me aconsejan que me prepare, pues viviendo en Tijuana tendría que convetirme en soldado en caso de que el extraño enemigo osare profanar con su planta el suelo de nuestra patria. El Avant-Garde y otras tonteras que me hacen pensar que vivo en una novela histórica, bastante cursi y pendeja, por cierto. Lo que ahora está ocasionando está explosión patriótica, no es un partido de futbol; es la presencia de agentes de la DEA, la CIA y el FBI y esas siglas que adornan las camisetas de los héroes del cine hollywoodense, en territorio mexicano. Bien documentada y acomodada en primera plana por el periódico izquierdista La Jornada, con su respectivo eco en Proceso, en twitter, en facebook, y otras redes sociales.

Sigo asombrándome por la peculiar capacidad de los mexicanos de aceptar la ridiculez. Hacen que la realidad sí se parezca a las telenovelas. Ya los diputados han expresado su “enérgica condena”, y han exigídole al gobierno federal que aclaren la carta de entendimiento que firmó con el presidente Barak Obama, que ha posibilitado la actuación directa de personal de las agencias Central de Inteligencia y antidrogas (CIA y DEA, por sus siglas en inglés, respectivamente), así como del Pentágono, en operativos contra los cárteles de la droga en el país. Ya hemos leídos a bloggers pegar el grito en el cielo, y a cyberactivistas compartir el enlace a los periodicos con algún comentario de desaprobación. Ya todos, están tomando  la fácil y reniegan de la presencia de agentes estadounidenses en tierras mexicanas. Se sienten así, más mexicanos.

Los problemas de México, bueno de la humanidad, son otros. El principal que tenemos, es no saber reconocer cuál es el principal problema. Debemos aprender a ver que lo jodido no pasa no pasa por tener agentes extranjeros en nuestro país. Hay problemas anteriores que son más urgentes. Hay preguntas y exigencias más urgentes que hacerles a nuestro gobiernos. Hay hambre de muchos días. Hay cientos, miles de jovenes buscando una oportunidad en las filas del crimen organizado, para quienes el trabajo decente ya ni siquiera fue una opción. Basta con andar un rato por las calles de Tijuana, para darse cuenta que cada colonia tiene su lugar para aprender y practicar “vale todo” y su gimnasio, y es imposible encontrar una librería. Vivo en una ciudad de casi tres millones de habitantes, donde me sobran dedos al contar las librerías. Y así, cuando expreso en voz alta mi proyecto de iniciar una librer¡a, aquellos que entienden algo de negocios, me ven con una mirada 50 % desapobración y el otro 50 ternura.

Es triste ver que no se ve al país tal cual. Es triste ver a la izquierda mexicana y a su prensa lanzarle puñetazos (con albur) a cortinas de humo. Hay que regresarnos un poco, hay que volver a discutir nuestros problemas. Hay que rerecorrer el Laberinto de la Soledad. A ver si logramos ver que el problema no es tener soldaditos extranjeros en nuestro país, eso era un problema hace doscientos años. Hoy, el problema es seguir viendo a los niños jugar a los soldaditos. Hoy, es más redituable ser soldadito para ejércitos a los que la bandera de México, les hace “lo que el viento a Juárez”. No se preocupen pues, por los soldaditos extranjeros; preocupense por los soldaditos mexicanos, si es que tanto quieren a su país.

LM

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La foto que ahora sirve de nada, o de casi nada; que no es lo mismo, pero es igual.

Desde el naciente estío de 2011, en un país donde pasa nada y en cuyas calles lo único que manda es la violencia. Se busca desesperada e infructuosamente la paz (¿qué es eso?), con encuentros, diálogos, fotografías, caravanas, poetactivistas, políticos de traje y corbatas y demás nimiedades que sirven para poco menos que nada.

Javier Sicilia y Felipe Calderón

La foto que da el título a este post

En todo este sinsentido y por una de las tantas lamentables desgracias que suelen adornar los periódicos de nuestro país. Ha surgido una figura que pretende situarse como el paladín de la justicia, y que está ahora  en pleno proceso de beatificación por parte de la izquierda no-oficial (considerando al perderé como la izquierda oficial) mexicana, que a muchos nos recuerda la aparición mediática del sub comediante Marcos (qué tiempos aquellos) y que ayer logró su máximo logro, un encuentro con el presidente de México  (todo este tiempo estuve hablando de México) Don Felipe Calderón Hinojosa, hablo del poeta (expoeta mejor dicho) Javier Sicilia.

El de ayer fue un encuentro público donde el activista y el presidente, representando a sus respectivos equipos, tuvieron la oportunidad de compartir sus ideas, defender sus pensares, intercambiar rosarios y tomarse la foto que da el título a este post. Una foto que sirve para lo mismo que sirve este blog, para que el que lo escribe tenga más followers en twitter.

El movimiento Sicilia reclamó eso que ya sabíamos iba a reclamar: justicia, paz, sacar al ejército de las calles y otros clichés que hicieron aburrido al encuentro, y también aprovecharon para invitar al presidente en su caravana ahora al sur. Esas burdas y ridículas peticiones que lleva el movimiento  siciliano (jajajajaja) haciendo en las semanas recientes. Por su parte, la presidencia ignoró eso que ya sabíamos iba a ignorar y defendió su guerra, que ya sabíamos iba a defender y ambas partes concluyeron volver a verse en tres meses, para chacotear otro rato y perder más tiempo. Lo que nosotros podemos concluir, es que en tres meses, volverá a pasar exactamente lo mismo.

Escribo esto, con la honesta intención de buscarle lo positivo o lo propositivo a este encuentro. Y sigo en lo mismo, sirve esto de poco menos que nada. Espero al menos, esto sirva para mostrarnos a la sociedad que el diálogo al que se llega con la intención de defender una postura, sirve de nada. Ojalá y entendamos, que esto de las marchas, caravanas y estar lamentando la más de 40,000 muertes detrás de las pantallas de nuestras computadoras, sirve tampoco de nada. Si de verdad estamos hasta la madre, ¿qué chingados sigue?

LM