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Clásico

«Una definición de derby o clásico es que ahí el público se empeña más que los jugadores.»
Juan Villoro

La palabra significa digno de imitación (del latín classicus: perteneciente a una clase, particularmente a una clase superior respecto de una inferior; o sea, lo que debe tomarse como modelo por ser de calidad superior). También, en Historia, se le llamo clásico a lo perteneciente o relativo a la época clásica, especificamente a las culturas grecorromanas, por ser estas dignas de imitación, principalmente durante el renacimiento, que se llama así por el renacer estético en el arte de las grandes culturas, tomando los modelos grecolatinos.. y dejándome ya de tanta mamada. Y entrando a lo que me tiene aquí escribiendo; el próximo domingo viviremos un clásico, el mal llamado clásico jóven del futbol mexicano, el América contra Cruz Azul, el partido que alguna vez enfrentó a dos grandes.

En el futbol, se les llama clásicos a esos partidos entre dos equipos que prescinden de las limitantes de tiempo y espacio. Pues duran mucho tiempo, demasiado cuando los pierdes y muy poco cuandos los ganas; no tienen espacio alguno, pues se juega igual en la tribuna, en la cancha o detrás (en México dentro) de un televisor. Esos partidos que no valen puntos o campeonatos, esos partidos que los deciden los hombres, no los jugadores de futbol.

Lo clubes de futbol solían representar algo, solían tener un significado más allá del socio, del hincha, o de lo que sea. Hoy día, la economía mundial, la política y por supuesto, el futbol. Se miden, se juzgan y se cotizan en concordancia con su rating. Y este partido representa mucho más de lo que vivimos los aficionados( apuestas, burlas, mentadas, algunos idiotas golpes, etc). Representa mucho más que lo que viven los jugadores (primas económicas, prestigio, rivalidad). Representa la lucha de dos televisoras, representa tiempo aire en la televisión mexicana. Representa, algo más que futbol. Es un clásico que se gana o pierde con rating, no con goles.

El 3 de octubre de 2010, Cruz Azul pudo al fin cometer parricidio con un golazo del Chaco Giménez. Pero poco importó, Cruz Azul y América siguen igual extrañando su grandeza. El gol de Christian Giménez, no decidió el partido, lo decidió el arbitro del partido, el Sr. Marco Antonio Rodríguez. Y no fue al desentenderse para marcar un fuera de lugar, o ajusticiar con una tarjeta roja al estilo Bussaca. Fue, con algo más simple: iniciar el partido diez minutos más tarde de lo previsto y con un medio tiempo que duró 18 minutos. La razón. Que una televisora no le joda a otra su programación.

La semana previa al clásico jóven estuvo manchada con dimes y diretes, que se acallaron cuando al final decidiose y pactose comenzar el partido a las 16:30 . Tanto el programa ‘Décadas’ de Televisa, y ‘La Academia Bicentenario’ de TV Azteca comenzaban a las 19:00 horas y todo parecía perfecto para que en TV Azteca con el horario de las 17:00 horas, ligara a los televidentes del futbol inmediatamente, sin cortes y no perdieran la atención. Algo que al final, pudo lograrse, gracias a la ayuda del productor de televisión Marco Antonio Rodríguez. Igual poco me interesa quien vió que y quién le cambió y quién ganó la partida. Lo que sí, es que en las condiciones de nuestro futbol por vergonzosas que estas sean. El América Cruz Azul, es un clásico. Es uno de esos partidos que se juegan más fuera de la cancha, que dentro de la misma.

Es un partido que no responde a las limitantes físicas que los otros partidos responden (tiempo y espacio), es un partido, que como cruzazulino, me caga perderlo. Es un partido, que enfrenta a los dos entes más poderosos de México, una televisora contra otra televisora.

Ojalá y no fuera así.

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El día que vi la vuelta olímpica que tanto soñé y me di cuenta que se siente como un balde de agua fría

Caminé al estadio con el ipod bien puesto, el volumén bien alto y las esperanzas bien fundadas; el equipo local ya ganaba el partido dos a cero, solo había que dar el tiro de gracia (metáfora muy tijuanense) y a levantar la copa (metáfora muy mexicana).

Tijuana es una ciudad desorganizada, agarrar todas las casas y hoteles del monopoly y arrojarlas sobre el tablero nos regala una imagen casi tan acertada como la de google earth, y en eso, el equipo Xoloescuincles de Tiyéi, nos representa con toda la propiedad con la que tradicionalmente un equipo profesional de futbol represantaba a su comunidad. Ya no, ya sé.

La entrada al estadio Caliente es un reflejo del bosquejo urbano de la ciudad, parece hecha por ingenieros incapaces de imaginar la línea recta. Caminos en perpetua construcción y zigzagueantes como andar de borracho.

El Estadio está asentado en medio de un hipódromo que ya es galgódromo y que quiere ser casino, donde puedes dar un recorrido por un zoológico, estacionar el auto donde no es estacionamiento, donde te lo cuida un inseguro adolescente portando una camiseta con la palabra: seguridad. Y con un chingo de tierra. Tierra por todos lados. Sí, tierra.

El estadio consta de unos palcos de los que nadie quisiera ser dueño, que resaltan y parece lo único que hay. Pero el resto del estadio es hacia abajo, donde el mero bottom es un perfecto tapete con una cancha de futbol dibujada en él. Pasto artificial, le llaman.

Encuentro mi asiento  y justo enfrente, puedo ver un graderío que parece de campo amateur, donde según me dicen está la gente más pipirisnais. Cuelga una lona que dice: “a 90 minutos de cumplir este gran sueño.”  Los equipos de futbol se alejan cada vez más de la comunidad. La mayoría de los que estabamos en ese estadio, nunca hemos soñado con ganarle a Veracruz. Soñamos con que Tijuana tenga un equipo de Primera división. ¿A quién se le ocurrió devaluar un campeonato partiendo un año futbolístico en dos?

He estado en todas las finales que un equipo profesional de Tijuana ha jugado y todas se habían perdido. Si no se ganaba esta, le arrancó la cheve al que estaba a mi lado y la arrojó hacia arriba. No esperaba un buen partido, pues bien sé que el duende del futbol está ocupado ayudando al Barcelona, y un viaje transatlántico para regalar algo en un partido de doscientos pesos, es impensable para este puto duende vendido.

Los equipos saltaron a la cancha con toda la parafernalia y el mal gusto  que puede tener un decorador de casinos o el publicista de un narcotraficante. Ah cabrón, ahora que lo pienso sí tiene bastante sentido.

El partido no fue tan malo en un inicio, pero el arbitro comenzó a pitar tanta faltita, que rápido y por la poca ambición mostrada por Veracruz y el natural y plausible conformismo de la escuadra tijuanense, el partido se definió sin caer ningún gol. Era fácil ver que el duende del futbol no había conseguido boleto.

Las gradas fueron un murmullo constante de voces reclamando que la cerveza había terminadose antes del primer tiempo, las miradas reflejaban una sincera preocupación, quienes no buscaban asiento buscaban al cervecero (ninguno tan eficiente como la Soraya), y algunos, volteábamos ocasionalmente a la cancha buscando futbol.

Llegó el medio tiempo trayendo consigo el carnaval de botargas, strippers con mucha ropa y cerveza al estadio. Ahora la queja fue que la cerveza estaba aún caliente. Como en toda cancha de futbol fuimos al baño, a comprar bebida, a comprar comida y/0 a saludar a alguien. Antes de los reglamentarios quince minutos, todos fuimos regresando a nuestros lugares. Los jugadores regresaron, los arbitros regresaron, la ausencia de futbol también regresó.

Los siguientes cuarenta y cinco minutos fueron igual de aburridos en la cancha, como divertidos fueron en la tribuna. Algunos intentaron hacer la ola, pero ese que llaman el respetable simplemente no colaboró con dicha iniciativa. Otras, aprovecharon para calcular la medida de Oscar Mascorro, me refiero al uniforme,  quién seguramente debería usar L y se pone un M. Yo, fui vencido por el tedio y busqué en la grada lo que no encontré en la cancha, para toparme con la bizarra y paradójica imagen de un tipo con cara de Danny Trejo, chamarra de Biker y un paliacate amarrado a la cabeza a la usanza chola, pegando unos brinquitos y agitando un globo rojo y uno negro.

Gol. Cayó el gol, me encantaría relatarles cómo fue, quién lo metió, cómo celebró el anotador pero simplemente no lo vi. Desafortunadamente estaba ocupado tratando de explicarle al pizzero que cuarenta más cuarenta son ochenta y que cien menos ochenta son veinte. En esa pedagógica acción de pagar por una pizza, se me fue el gol más importante que se ha anotado en la historia del futbol profesional en mi natal y querida Tijuana. No tuve tiempo de lamentarme, la lluvia de cerveza (ojalá y haya sido cerveza) me llevó a pensar en otra cosa. Tan solo me prometí no despegar mis ojos de la cancha de nuevo. Ojalá y hubiese roto mi promesa; nada para decir, a menos que decida aventurarme en una empresa como la descrita por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, en el cuento “Esse est percipi”.

El pitido final hizo estallar de júbilo al estadio unos por ver a sus xolos campeones, otros por ver acabado a ínfame partido. Partido que si bien no cumplirá las exigencias estéticas de un aficionado al futbol; cumplirá con creces las expectativas de un aficionado a los Xolos. Pues también, es importante resaltar lo siguiente: Xolos jugaron a lo que ellos quisieron y dominaron el partido (enfríandolo) los noventa minutos. Xolos, con todo y su estilo ultradefensivo y destructor, son los amos y señores y por supuesto, justos campeones de la primera división A (eufemismo para segunda división).

Nunca había visto una vuelta olímpica en vivo, y desafortunadamente no me transmitió nada, si acaso, un poco de amargura, cuando nosotros fuimos/hicimos a la Masacre Nacional, nunca pudimos hacer campeones a los nuestros.

Ayer fue el día que vi la vuelta olímpica que tanto había soñado y me dí cuenta que se siente como un balde de agua fría; sí, lo único que sentí fue la frialdad de una cerveza caerme en la espalda.

Lucho