Letras, sonidos y otras hierbas

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Hat Trick de Cristiano Ronaldo

cristianoReal Madrid y Wolfsburgo jugaron hoy la vuelta de los octavos de final de la UEFA Champions. El partido no lo vi, ni siquiera por televisión. Sé que escuché lo que los relatores dijeron que vieron. Y como ustedes bien saben, cuando uno escucha lo que otros dicen que vieron, pues la realidad se desgasta. Así que como en cualquier otra crónica no lean pensando que están leyendo verdad. Nomás están leyendo lo que un guey dice que oyó decir lo que otros gueyes dicen que vieron. Tal vez ni se llama Cristiano, ni hizo tres goles, ni juega en el Real Madrid. (más…)

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Las dos veces que vi al duende en la final de la UCL

La primera vez que llegamos (el duende y yo)

En estos tiempos, donde poner la imaginación al servicio de la memoria parece legitimar opiniones. Voy a rehusar hacer uso del derecho que tengo a mentir. Así que no pienso decirles que veo las finales de la UCL desde chiquito, pues me da pena mentirles tan descaradamente. Lo que sí puedo contarles, es el día exacto en que la final de la Champions League me demostró que es el evento futbolístico (que no mediático, ahí si nos sigue ganando el mundial de futbol) más importante de todo el pinche mundo. Fue el 26 de mayo de 1999. La final entre Manchester United y Bayern Munich.

Me falta tiempo y me sobran palabras para por lo menos intentar narrarles lo sucedido aquel mágico día cuando el duende del buen futbol pisó  la cancha del Nou Camp. Así que mejor les dejo

el video, en pésima calidad y con una sola cámara (aún así mejor que lo yo pudiera decirles) de aquellos tres minutos que cambiaron mi vida.

Sí, en esos minutos que añade el arbitro y que muchos eficionados desprecian para evitar el tráfico, Manchester United logró eso que parecía imposible, arrebatarle de las manos la orejona (por cierto, me caga que le digamos así) al Bayern Munich.

A partir de ese momento, he asistido puntualmente a mi anual cita con la final de la UCL. Para enfadarme algunas veces, aburrirme las otras, pero siempre convencido de que en cualquier momento el duende puede venir a regalarme eso que infructuosamente mendigo frente al televisor y muy pocas veces en una cancha: un poquito de buen futbol.

Cuando volvió el duende

Seis años después, volvió el duende. Esta vez la cita fue en Turquía. El juego entre Liverpool y AC Milán. ¿Qué hizo el duende? Otra vez lo que para los ojos incapaces de ver volar a los perros parecía imposible: ¡revivió a un muerto!

Al medio tiempo Liverpool lo perdía con Milán 3 – 0 Maldini y Crespo eran los verdugos (ver-du-gos, no sean mal pensáos) hasta el momento. Hasta que el duende se sacó la varita y dijo, mejor dicho susurró sus palabritas mágicas, y ¡voilá! un poquito de futbol… Liverpool le dió la vuelta hasta ganarlo en penales.

Nadie sabe cómo se llama ese duende, ni de donde viene mucho menos dónde va a estar. Lo que sí es que es bastante feo, es un mounstrito verde con burbujeantes granos que habla en un indescifrable idioma (más o menos como el inglés de Peña Nieto, para que se den una idea). Nadie sabe qué come, o que le gusta. Así que ni como ponerle una trampa. De repente aparece en una Champions League, o en una Libertadores, en el mundial o en el patio de alguna primaria. Lo que sí puedo decirles, es que ese duende ha estado más veces con los futbolistas que mañana se disputan la orejona el presente año que ningunos otros. Y tal vez llegue o tal vez no. Tal vez, él quería que la final fuese entre Barcelona y Real Madrid. Pero con o sin duende, el de mañana es sin duda el partido, futbolísticamente hablando, más importante del año y cualquiera de nosotros los que consideramos al futbol como el más hermoso de los deportes, tenemos nuestra anual cita con la final de la UCL. Que si llega o no llega el puto duende… pues mañana les digo.

Lucho

 


El futbol y el cesto de basura

Gabriel Orozco
Gabriel Orozco

Foto de Gabriel Orozco

“Según tú cada semana es el juego más importante del año”, reclama con justa razón mi mujer. “Esta vez es en serio” digo honestamente y por enésima vez en el año. La verdad es que soy un enfermo de futbol. Me encanta ver a once tipos trabajar en equipo, depender el uno del otro por noventa minutos, para lograr la meta que tienen en común: meter más goles que el rival en turno.

Cada que el tiempo me lo permite veo un partido aquí, otro allá. Pienso terminos futbolísticos “tirarla al corner” “estar en fuera de lugar”, “tener un penal”, “dejarla votando y en el área”, son recursos retóricos comunes en mi vocabulario, son palabras que se las debo al futbol. Así que obviamente el fin de semana que se juega un Real Madrid Vs. Barcelona, con justicia y cierta autoridad que me da haber visto tanto futbol, y el romanceterno que tengo con este, el más hermoso de los deportes,  puedo decir cada que se me antoje que tal o cual partido, sea el juego del año.

Clásicos, mundiales, finales y demás partidos importantes vienen casi siempre a restregarme en la cara que no todo es perfecto. Que no hay algo impermeable a la imperfección. Que todo, inclusive lo más hermoso, tiene algo deleznable. Hasta el hijo de dios cagaba, pues. Por más lindo que me parezca el futbol es el cesto de la basura donde muchos vienen a vomitar sus complejos. Esnobismo, nacionalismo, racismo y otros, muchos, olores así de asquerosos impregnan todo partido de futbol importante.

No estuve en el estadio, obviamente y desafortunadamente, pero me basta escuchar el esnobismo del comentarista deportivo mexicano que embarra de inmerecidos adornos las imagenes televisivas, para oler la mierda. Me basta con leer el antiespañolismo en internet, para asquearme del complejo de inferioridad que sufrimos en Latinoamérica. Me basta con ver los mensajes xenófobos de los catalanes para aumentar mi náusea. Me basta con soportar el nacionalismo chileno de aquellos que celebran el gol de su compatriota, para repugnar el mal estado de la sociedad. Me basta con la suciedad de mercenarios que se toman el futbol como si tan solo fuera un juego.

Pero no importa futbol, siempre voy a espantarte las moscas, aguantarme la hediondez de aquellos que te cagan encima, y siempre, pero siempre… te querré. La razón,  es muy sencilla, con todo y la inmundicia que te hemos puesto, eres el más hermoso de los deportes y cada fin de semana, nos regalas el partido más importante del año.


Esse est percipi

Hoy Borges, reclama un poco del espacio que merece. Bien lo dijo alguna vez, que el tiempo es el mejor antologista, o el único tal vez. A 25 años de su muerte, le recuerdo a través de un cuento, escrito junto con Adolfo Bioy Casares, que casi hace que deje de gustarme el futbol, al menos después de esta lectura lo cuestione todo.

“Viejo turista de la zona de Nuñez y aledaños, no dejé de notar que venía faltando en su lugar de siempre el monumental estadio de River. Consternado, consulté al respecto al amigo y doctor Gervasio Montenegro, miembro de número de la Academia Argentina de Letras. En él hallé el motor que me puso sobre la pista. Su pluma compilaba por aquel entonces una a modo de Historia panorámica del periodismo nacional, obra llena de méritos, en la que se afanaba su secretaria. Las documentaciones de práctica lo habían llevado casualmente a husmear el busilis. Poco antes de adormecerse del todo, me remitió a un amigo común, Tulio Savastano, presidente del club Abasto Juniors, de cuya sede, sita en el Edificio Amianto, de avenida Corrientes y Pasteur, me di traslado. Este directivo, pese al régimen doble dieta a que lo tiene sometido su médico y vecino doctor Narbondo, mostrábase aún movedizo y ágil. Un tanto enfarolado por el último triunfo de su equipo sobre el combinado canario, se despachó a sus anchas y me confió, mate va, mate viene, pormenores de bulto que aludían a la cuestión sobre el tapete. Aunque yo me repitiese que Savastano había sido otrora el compinche de mis mocedades de Agüero esquina Humahuaca, la majestad del cargo me imponía y, cosa de romper la tirantez, congratulélo sobre la tramitación del último goal que, a despecho de la intervención de Zarlenga y Parodi, conviertiera el centro-half Renovales, tras aquel pase histórico de Musante. Sensible a mi adhesión al once de Abasto, el prohombre dio una chupada postrimera a la bombilla exhausta, diciendo filosóficamente, como aquel que sueña en voz alta:
-Y pensar que fui yo el que les inventé esos nombres.
-¿Alias? -pregunté, gemebundo-. ¿Musante no se llama Musante? ¿Renovales no es Renovales? ¿Limardo no es el genuino patronímico del ídolo que aclama la afición?
La respuesta me aflojó todos los miembros.

-¿Cómo? ¿Usted cree todavía en la afición y en los ídolos? ¿Dónde ha vivido, don Domecq?

En eso entró un ordenanza que parecía un bombero y musitó que Ferrabás quería hablarle al señor.

-¿Ferrabás, el locutor de la voz pastosa? -exclamé- ¿El animador de la sobremesa cordial de las 13 y 15 y del jabón Profumo? ¿Estos, mis ojos, le verán tal cual es? ¿De verás que se llama Ferrabás?

-Que espere -ordenó el señor Savastano.

-¿Que espere? ¿No será más prudente que yo me sacrifique y me retire? -aduje con sincera abnegación.

-Ni se le ocurra -contestó Savastano-. Arturo, dígale a Ferrabás que pase. Tanto da…

Ferrabás hizo con naturalidad su entrada. Yo iba a ofrecerle mi butaca, pero Arturo, el bombero, me disuadió con una de esas miraditas que son como una masa de aire polar. La voz presidencial dictaminó:

-Ferrabás, ya hablé con De Filipo y con Camargo. En la fecha próxima pierde Abasto, por dos a uno. Hay juego recio, pero no vaya a recaer, acuérdese bien, en el pase de Musante a Renovales, que la gente sabe de memoria. Yo quiero imaginación, imaginación. ¿Comprendido? Ya puede retirarse.

Junté fuerzas para aventurar la pregunta:

-¿Debo deducir que el score se digita?

Savastano, literalmente, me revolcó en el polvo.

-No hay score ni cuadros ni partidos. Los estadios ya son demoliciones que se caen a pedazos. Hoy todo pasa en la televisión y en la radio. La falsa excitación de los locutores, ¿nunca lo llevó a maliciar que todo es patraña? El último partido de fútbol se jugó en esta capital el día 24 de junio del 37. Desde aquel preciso momento, el fútbol, al igual que la vasta gama de los deportes, es un género dramático, a cargo de un solo hombre en una cabina o de actores con camiseta ante el cameraman.

-Señor, ¿quién inventó las cosas? -atiné a preguntar.

-Nadie lo sabe. Tanto valdría pesquisar a quién se le ocurrieron primero las inauguraciones de escuelas y las visitas fastuosas de testas coronadas. Son cosas que no existen fuera de los estudios de grabación y de las redacciones. Convénzase, Domecq, la publicidad masiva es la contramarca de los tiempos modernos.

-¿Y la conquista del espacio? -gemí.

-Es un programa foráneo, una coproducción yanqui-soviética. Un laudable adelanto, no lo neguemos, del espectáculo cientifista.

-Presidente, usted me mete miedo -mascullé, sin respetar la vía jerárquica-. ¿Entonces en el mundo no pasa nada?

-Muy poco -contestó con su flema inglesa-. Lo que yo no capto es su miedo. El género humano está en casa, repatingado, atento a la pantalla o al locutor, cuando no a la prensa amarilla. ¿Qué mas quiere, Domecq? Es la marcha gigante de los siglos, el ritmo del progreso que se impone.

-¿Y si se rompe la ilusión? -dije con un hilo de voz.

-Qué se va a romper -me tarnquilizó. -Por si acaso, seré una tumba -le prometí-. Lo juro por mi adhesión personal, por mi lealtad al equipo, por usted, por Limardo, por Renovales.

-Diga lo que se le dé la gana, nadie le va a creer.

Sonó el teléfono. El presidente portó el tubo al oído y aprovechó la mano libre para indicarme la puerta de salida.”


this is tijuana

Escuchando Tijuana for Dummies, de Hiperboreal
Pamboleros de México: Welcome to Tijuana.

Los invito a escoger aleatoriamente un punto cualquiera, ahora, agarren las casitas que vienen en el monopoly y arrojenlas en ese lugar; así se ve Tijuana y así precisamente, nació Tijuana, la horrible. Caos de casas, negocios, naves industriales y carreteras con baches, muchos baches; llena de gente que solo está quieta cuando está drogada o cuando quiere ir a San Diego.

Si llegan al aeropuerto lo primero que verán son casas escondiendo cerros; si llegan a la central camionera, lo primero que verán son cerros escupiendo casas; y si llegan por carretera, lo primero que verán es esa otra Tijuana, esa que no siente verguenza de ser mexicana. Esa Tijuana, que no tiene visa.

Llena de paradojas y de paraditas, orgullosos de llegar a primera y de poder salir de la primera. Un gigantesco collage de historias y anécdotas en gerundio, así es Tijuana, méxico. Una ciudad mexicana que quiere no serlo; una ciudad en un claro fuera de lugar, una ciudad en off side. Una ciudad que siempre ha querido brincar al primer mundo, brincar a la primera división y sin pagar pollero.

23 de marzo de 1993, 11 de septiembre de 2001 y el 21 de mayo de 2011 son las tres fechas más importantes de la historia de la ciudad, y les aseguro que el tiempo me dará la razón. En la última, Tijuana, cumplió un sueño; el sueño de tener un equipo de futbol profesional en la primera división. Los intentos habían sido muchos, infructuosos y en algunos casos hasta ridículos (¿Trotamundos? ¡No me chinguen!).

Desde la temporada 1989-1990 cuando el equipo Inter de Tijuana llegó a la final de la segunda división (entonces así se llamaba, como debe ser). Nació el sueño. Recuerdo haber ido a ese partido, habían perdido en León 3-0 y después empatamos en Tijuana 1-1.

Inter de Tijuana

Inter de Tijuana

Después la historia siguió embarrando a la ciudad de equipos de nombres feos, peores uniformes y pintando nuestro futbol de azul (perdiendo finales). Chivas Tijuana, Nacional Tijuana, Tijuana Stars, etc. etc. hasta desembocar en los Xoloitzcuincles de Tijuana (innegable la fidelidad a la tradición tijuanense).

Gracias a el Club Tijuana Xoloitzcuincles hoy Tijuana puede presumir de algo, de tener un equipo de futbol en la primera división nacional. Esta ciudad en proceso de desmexicanización, a partir de los próximos meses encuentra otro pretexto para pelearse con el resto del país. Chinolas y oaxacos no tienen equipo; nosotros, los regios y los chilangos (toluqueños, jalisquillos, pachuquenses, queretanos, pipopes y demás, para nosotros son todos chilangos) estamos en otra liga. El reto que ahora tenemos como ciudad, es convertirnos en una ciudad futbolera, tenemos que desdesmexicanizarnos. En los noventas, jugar, hablar o ver futbol en tiyéi, era chinlanguísimo (naquísimo pues). Hoy, está curada ir los domingos al soccer. Ahora en primera división debemos lograr que los viernes en el estadio caliente sean igual de nice, que llevar a tu morra a cenar a Gaslamp. Solo logrando eso, sobrevivirá el futbol tijuanense. Y eso, nos toca a nosotros. El Club, tiene el reto deportivo de lograr un equipo que se quede, empresa nada fácil. También, lograr brindarle identidad tijuanense al equipo; que ahí la llevan. El futbol, se sigue viendo raro desde Tijuana. Es como ver un partido parado en el banderín del corner. Como ejemplo, un par de anécdotas….

Suelo caminar hacia mi trabajo por Boulevard Aguacaliente, uno de los más transitados en tijuas; Suelo hacerlo, con una mochila que porta orgullosamente el logotipo del glorioso Cruz Azul. Hoy por la mañana no fue la excepción. Haciéndolo escuché un grito con ese tonito golpeado que tenemos los norteños: “Puro Xolos compa.” Y sí, pensé, esos neonatos aficionados ya se ganaron el derecho de hablarme como a su igual.

Siempre fui a la masakre, conocí al chumbi, al yair, al cholo, al piwi, al gallo, al guayaba, al fredy etc. Hasta recuerdo que le pusimos el apodo a la soraya; engañabamos al seguridá, fumabamos mota, y muchas veces ví bailar a la peggy. Un día, llegué al CREA, ansioso de volver a toparme con amigos y ser la masakre como siempre; pero me topé con un tipo con el tatuaje de la rebel, diciéndole a la masakre qué hacer.

Lucho (la parte + azul de ed+hdm)


El Clásico

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El Clásico

La palabra es imponente en si misma: Clásico. Es una de esas palabras que uno no se atreve a escribirla en minúscula, una palabra pesada que hasta se pronuncia con mayor fuerza. Una palabra de esas que forzosamente necesitan un sustantivo. No puede ser clásico así nomas, debe decirse “El Clásico”. Como no se puede decir guerra civil así nomas, debe decirse “La Guerra Civil”, si de verdad queremos explicarnos. Debe decirse pues; mañana se juega El Clásico.

En tiempos donde el romanticismo cabía aún en el futbol profesional; el Real Madrid servía como insignia de la Hispanidad, del franquismo, de la monarquía incluso. En esos mismos tiempos; El Barcelona representaba la España laica, progresista, rebelde, esa que renegaba de esa hispanidad, y resistía en su(s) nacionalismo(s).

Con el correr del tiempo, donde el arroyo va convirtiéndose en historia; y va dejando charcos que después llamamos leyendas. Han quedado episodios que han alimentado esta rivalidad. En 1920 el dictador Primo de Rivera clausuró por seis meses el campo del Barça por el abucheo de la marcha real y las protestas contra la dictadura. En La Guerra Civil, franquistas fusilaron al presidente del club catalá Josep Sunyol, que era político de Esquerra Republicana de Catalunya, en la Sierra de Guadarrama.

Una vez entrado el franquismo, Francisco Franco hizo del Real Madrid su equipo. El equipo blanco se convirtió en el dominador no sólo de la liga local (es el equipo con más títulos) sino también de la Liga de Campeones de Europa, donde es también el equipo más ganador con nueve campeonatos, cinco de ellos consecutivos (de 1956 a 1960).

El Barcelona, definido por el escritor Manuel Vázquez Montalbán como “el ejército simbólico desarmado de la catalanidad”, ha sido siempre un fiel represente del nacionalismo catalán. La nacionalidad catalana hoy día se muestra orgullosa e imponente en las tribunas del Camp Nou, la casa del Barça. También en las celebraciones por la España campeona del mundo, irónico ¿no creen?

La rivalidad entre los dos equipos va más allá de los estadios, los televisores y por supuesto de la cancha. Es una rivalidad que invade el ámbito político y cultural de todo un país, otrora fraccionado. Una rivalidad que las mentes románticas
y muchas veces ingenuas quieren ver como una lucha entre izquierda y derecha, quieren verlo como los tiempos extra de la Guerra Fría. Cuando la realidad es que  dios y el comunismo ya murieron, la Guerra Fría es un partido cuyo final ya fue silbado. Hoy la política es ya ambidiestra.

Sin embargo, este partido sigue siendo uno de los importantes, sigue enfrentando a dos de los mejores equipos de futbol del mundo. Sigue apasionando a multitudes y es uno de los partidos de futbol más vistos y esperados del
mundo. Es el súper clásico, y es un partido de futbol que siempre quiero ver, pues enfrenta a dos equipos de futbol que representan a entes más importantes y poderosos que la España y La Generalidad de Cataluña, mañana se enfrentan algo más que el Real Madrid y el Barcelona FC, mañana no se trata de Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, mañana no se trata del estado contra la nación, mañana no se trata de dos escuelas opuestas dentro del futbol profesional. Mañana se enfrentan el<em> Impossible is nothing</em> y el <em>Just Do It</em>, mañana el clásico lo juegan Nike Vs. Adidas. Usted, ¿A quién le va?

Yo, yo le voy a Nike.

Lucho


Clásico

«Una definición de derby o clásico es que ahí el público se empeña más que los jugadores.»
Juan Villoro

La palabra significa digno de imitación (del latín classicus: perteneciente a una clase, particularmente a una clase superior respecto de una inferior; o sea, lo que debe tomarse como modelo por ser de calidad superior). También, en Historia, se le llamo clásico a lo perteneciente o relativo a la época clásica, especificamente a las culturas grecorromanas, por ser estas dignas de imitación, principalmente durante el renacimiento, que se llama así por el renacer estético en el arte de las grandes culturas, tomando los modelos grecolatinos.. y dejándome ya de tanta mamada. Y entrando a lo que me tiene aquí escribiendo; el próximo domingo viviremos un clásico, el mal llamado clásico jóven del futbol mexicano, el América contra Cruz Azul, el partido que alguna vez enfrentó a dos grandes.

En el futbol, se les llama clásicos a esos partidos entre dos equipos que prescinden de las limitantes de tiempo y espacio. Pues duran mucho tiempo, demasiado cuando los pierdes y muy poco cuandos los ganas; no tienen espacio alguno, pues se juega igual en la tribuna, en la cancha o detrás (en México dentro) de un televisor. Esos partidos que no valen puntos o campeonatos, esos partidos que los deciden los hombres, no los jugadores de futbol.

Lo clubes de futbol solían representar algo, solían tener un significado más allá del socio, del hincha, o de lo que sea. Hoy día, la economía mundial, la política y por supuesto, el futbol. Se miden, se juzgan y se cotizan en concordancia con su rating. Y este partido representa mucho más de lo que vivimos los aficionados( apuestas, burlas, mentadas, algunos idiotas golpes, etc). Representa mucho más que lo que viven los jugadores (primas económicas, prestigio, rivalidad). Representa la lucha de dos televisoras, representa tiempo aire en la televisión mexicana. Representa, algo más que futbol. Es un clásico que se gana o pierde con rating, no con goles.

El 3 de octubre de 2010, Cruz Azul pudo al fin cometer parricidio con un golazo del Chaco Giménez. Pero poco importó, Cruz Azul y América siguen igual extrañando su grandeza. El gol de Christian Giménez, no decidió el partido, lo decidió el arbitro del partido, el Sr. Marco Antonio Rodríguez. Y no fue al desentenderse para marcar un fuera de lugar, o ajusticiar con una tarjeta roja al estilo Bussaca. Fue, con algo más simple: iniciar el partido diez minutos más tarde de lo previsto y con un medio tiempo que duró 18 minutos. La razón. Que una televisora no le joda a otra su programación.

La semana previa al clásico jóven estuvo manchada con dimes y diretes, que se acallaron cuando al final decidiose y pactose comenzar el partido a las 16:30 . Tanto el programa ‘Décadas’ de Televisa, y ‘La Academia Bicentenario’ de TV Azteca comenzaban a las 19:00 horas y todo parecía perfecto para que en TV Azteca con el horario de las 17:00 horas, ligara a los televidentes del futbol inmediatamente, sin cortes y no perdieran la atención. Algo que al final, pudo lograrse, gracias a la ayuda del productor de televisión Marco Antonio Rodríguez. Igual poco me interesa quien vió que y quién le cambió y quién ganó la partida. Lo que sí, es que en las condiciones de nuestro futbol por vergonzosas que estas sean. El América Cruz Azul, es un clásico. Es uno de esos partidos que se juegan más fuera de la cancha, que dentro de la misma.

Es un partido que no responde a las limitantes físicas que los otros partidos responden (tiempo y espacio), es un partido, que como cruzazulino, me caga perderlo. Es un partido, que enfrenta a los dos entes más poderosos de México, una televisora contra otra televisora.

Ojalá y no fuera así.


Domingo de futbol….

Hermoso domingo de futbol. Cierta música adorna mis pensamientos. Ciertas imagenes aparecen cuando cierro los ojos…. las comparto.


Dios es redondo, de Juan Villoro

Dios es Redondo

Portada

Conforme mi vida va acumulando verbos conjugados en pasado perfecto, sigo descubriendo lazos que atan al futbol con la literatura. Letras que llueven sobre las canchas de futbol que al chocar producen libros que hablan de futbol, casualidades y paradojas como una que marca mi vida: soy tan mal intento escritor, como fui (he aquí el pasado perfecto) mal intento de jugador.

Pero este don que tengo para maltratar palabras tan parecido al que tuve para maltratar balones. Me ha llevado a disfrutar como pocos, y como muchos más deberían; libros que parecen haber sido muy bien jugados y partidos que parecen haber sido muy bien escritos. Descubriendo joyitas como la que hoy vengo a recomendarles. Se trata de Dios es redondo, libro de Juan Villoro.

En un país donde el futbol es para nacos y los libros son para fresas. Donde los comentaristas deportivos patean el idioma, peor que Gerardo Torrado a los rivales. El encuentro de las letras y el futbol se da solo en los periódicos deportivos; la mayor parte de las veces para situar a la ficción donde no debería estar: en los periódicos. La ficción en un claro fuera de lugar.

Juan Villoro logra meterse en este match alejadísimo del fair play, para poner a su prosa al servicio de mi metáfora favorita, el futbol como reflejo de la vida. Cuando un libro trata de futbol, es casi inetivable la comparación para con la obra de Eduardo Galeano y su Futbol a sol y sombra, un claro homenaje a la hinchada, a la tribuna, al esperanzado del buen futbol. Villoro, logra hacer un fiel e involuntario reflejo de lo que es la fanaticada mexicana del futbol y comparte el mismo defecto que parece ser recurrente cuando el arte intenta bajar a las canchas de futbol. Es tanto el afan por ser hermoso, que se olvida de  simplemente ser; como el jugador de futbol que cuando debería simplemente dar un pase,  prefiere tirarlo de taquito para quedar bien con la grada. Así sucede con Dios es redondo de repente queda sobrado de adornos, de innecesarios lujos que lo ayudan a ser simplemente hermoso. Como la cascada de elogios que deja caer el autor para el Barcelona FC y la esforzada critica al Real Madrid, que se lleva medio libro. Que deja como accesorio a lo mejor del libro; el imparcial relato de la vida de Diego Maradona y la muy buena crónica que hace de los mundiales 98 y 2002, donde el autor nos muestra lo que mejor hace: narrar. Por último, el libro cierra con un par de conversaciones entre Juan Villoro a quien se le nota le hubiera gustado jugar como Valdano; y un Valdano a quien se le nota le hubiese gustado escribir como Villoro, un par de encuentros arreglados, lleno de frases arregladas y no por eso menos interesantes.

En suma, este es un libro escrito por un crack de las letras en un partido de exhibición (defecto que comparte con el de Galeano), juega  para quedar bien con la tribuna. Y no por esto es un libro aburrido, muy al contrario, se encuentra lleno de divertidas anécdotas, contadas con la maestría y frescura que suelen llevar las palabras de Villoro. Es un libro que me hizo llegar tarde a una cita, es un libro que logro mantenerme minutos de más en el baño. Es un libro, que si y solo si te gusta el futbol, quedas obligado a leer.

LM

 

 


El día que vi la vuelta olímpica que tanto soñé y me di cuenta que se siente como un balde de agua fría

Caminé al estadio con el ipod bien puesto, el volumén bien alto y las esperanzas bien fundadas; el equipo local ya ganaba el partido dos a cero, solo había que dar el tiro de gracia (metáfora muy tijuanense) y a levantar la copa (metáfora muy mexicana).

Tijuana es una ciudad desorganizada, agarrar todas las casas y hoteles del monopoly y arrojarlas sobre el tablero nos regala una imagen casi tan acertada como la de google earth, y en eso, el equipo Xoloescuincles de Tiyéi, nos representa con toda la propiedad con la que tradicionalmente un equipo profesional de futbol represantaba a su comunidad. Ya no, ya sé.

La entrada al estadio Caliente es un reflejo del bosquejo urbano de la ciudad, parece hecha por ingenieros incapaces de imaginar la línea recta. Caminos en perpetua construcción y zigzagueantes como andar de borracho.

El Estadio está asentado en medio de un hipódromo que ya es galgódromo y que quiere ser casino, donde puedes dar un recorrido por un zoológico, estacionar el auto donde no es estacionamiento, donde te lo cuida un inseguro adolescente portando una camiseta con la palabra: seguridad. Y con un chingo de tierra. Tierra por todos lados. Sí, tierra.

El estadio consta de unos palcos de los que nadie quisiera ser dueño, que resaltan y parece lo único que hay. Pero el resto del estadio es hacia abajo, donde el mero bottom es un perfecto tapete con una cancha de futbol dibujada en él. Pasto artificial, le llaman.

Encuentro mi asiento  y justo enfrente, puedo ver un graderío que parece de campo amateur, donde según me dicen está la gente más pipirisnais. Cuelga una lona que dice: “a 90 minutos de cumplir este gran sueño.”  Los equipos de futbol se alejan cada vez más de la comunidad. La mayoría de los que estabamos en ese estadio, nunca hemos soñado con ganarle a Veracruz. Soñamos con que Tijuana tenga un equipo de Primera división. ¿A quién se le ocurrió devaluar un campeonato partiendo un año futbolístico en dos?

He estado en todas las finales que un equipo profesional de Tijuana ha jugado y todas se habían perdido. Si no se ganaba esta, le arrancó la cheve al que estaba a mi lado y la arrojó hacia arriba. No esperaba un buen partido, pues bien sé que el duende del futbol está ocupado ayudando al Barcelona, y un viaje transatlántico para regalar algo en un partido de doscientos pesos, es impensable para este puto duende vendido.

Los equipos saltaron a la cancha con toda la parafernalia y el mal gusto  que puede tener un decorador de casinos o el publicista de un narcotraficante. Ah cabrón, ahora que lo pienso sí tiene bastante sentido.

El partido no fue tan malo en un inicio, pero el arbitro comenzó a pitar tanta faltita, que rápido y por la poca ambición mostrada por Veracruz y el natural y plausible conformismo de la escuadra tijuanense, el partido se definió sin caer ningún gol. Era fácil ver que el duende del futbol no había conseguido boleto.

Las gradas fueron un murmullo constante de voces reclamando que la cerveza había terminadose antes del primer tiempo, las miradas reflejaban una sincera preocupación, quienes no buscaban asiento buscaban al cervecero (ninguno tan eficiente como la Soraya), y algunos, volteábamos ocasionalmente a la cancha buscando futbol.

Llegó el medio tiempo trayendo consigo el carnaval de botargas, strippers con mucha ropa y cerveza al estadio. Ahora la queja fue que la cerveza estaba aún caliente. Como en toda cancha de futbol fuimos al baño, a comprar bebida, a comprar comida y/0 a saludar a alguien. Antes de los reglamentarios quince minutos, todos fuimos regresando a nuestros lugares. Los jugadores regresaron, los arbitros regresaron, la ausencia de futbol también regresó.

Los siguientes cuarenta y cinco minutos fueron igual de aburridos en la cancha, como divertidos fueron en la tribuna. Algunos intentaron hacer la ola, pero ese que llaman el respetable simplemente no colaboró con dicha iniciativa. Otras, aprovecharon para calcular la medida de Oscar Mascorro, me refiero al uniforme,  quién seguramente debería usar L y se pone un M. Yo, fui vencido por el tedio y busqué en la grada lo que no encontré en la cancha, para toparme con la bizarra y paradójica imagen de un tipo con cara de Danny Trejo, chamarra de Biker y un paliacate amarrado a la cabeza a la usanza chola, pegando unos brinquitos y agitando un globo rojo y uno negro.

Gol. Cayó el gol, me encantaría relatarles cómo fue, quién lo metió, cómo celebró el anotador pero simplemente no lo vi. Desafortunadamente estaba ocupado tratando de explicarle al pizzero que cuarenta más cuarenta son ochenta y que cien menos ochenta son veinte. En esa pedagógica acción de pagar por una pizza, se me fue el gol más importante que se ha anotado en la historia del futbol profesional en mi natal y querida Tijuana. No tuve tiempo de lamentarme, la lluvia de cerveza (ojalá y haya sido cerveza) me llevó a pensar en otra cosa. Tan solo me prometí no despegar mis ojos de la cancha de nuevo. Ojalá y hubiese roto mi promesa; nada para decir, a menos que decida aventurarme en una empresa como la descrita por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, en el cuento “Esse est percipi”.

El pitido final hizo estallar de júbilo al estadio unos por ver a sus xolos campeones, otros por ver acabado a ínfame partido. Partido que si bien no cumplirá las exigencias estéticas de un aficionado al futbol; cumplirá con creces las expectativas de un aficionado a los Xolos. Pues también, es importante resaltar lo siguiente: Xolos jugaron a lo que ellos quisieron y dominaron el partido (enfríandolo) los noventa minutos. Xolos, con todo y su estilo ultradefensivo y destructor, son los amos y señores y por supuesto, justos campeones de la primera división A (eufemismo para segunda división).

Nunca había visto una vuelta olímpica en vivo, y desafortunadamente no me transmitió nada, si acaso, un poco de amargura, cuando nosotros fuimos/hicimos a la Masacre Nacional, nunca pudimos hacer campeones a los nuestros.

Ayer fue el día que vi la vuelta olímpica que tanto había soñado y me dí cuenta que se siente como un balde de agua fría; sí, lo único que sentí fue la frialdad de una cerveza caerme en la espalda.

Lucho