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El futbol y el cesto de basura

Gabriel Orozco
Gabriel Orozco

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“Según tú cada semana es el juego más importante del año”, reclama con justa razón mi mujer. “Esta vez es en serio” digo honestamente y por enésima vez en el año. La verdad es que soy un enfermo de futbol. Me encanta ver a once tipos trabajar en equipo, depender el uno del otro por noventa minutos, para lograr la meta que tienen en común: meter más goles que el rival en turno.

Cada que el tiempo me lo permite veo un partido aquí, otro allá. Pienso terminos futbolísticos “tirarla al corner” “estar en fuera de lugar”, “tener un penal”, “dejarla votando y en el área”, son recursos retóricos comunes en mi vocabulario, son palabras que se las debo al futbol. Así que obviamente el fin de semana que se juega un Real Madrid Vs. Barcelona, con justicia y cierta autoridad que me da haber visto tanto futbol, y el romanceterno que tengo con este, el más hermoso de los deportes,  puedo decir cada que se me antoje que tal o cual partido, sea el juego del año.

Clásicos, mundiales, finales y demás partidos importantes vienen casi siempre a restregarme en la cara que no todo es perfecto. Que no hay algo impermeable a la imperfección. Que todo, inclusive lo más hermoso, tiene algo deleznable. Hasta el hijo de dios cagaba, pues. Por más lindo que me parezca el futbol es el cesto de la basura donde muchos vienen a vomitar sus complejos. Esnobismo, nacionalismo, racismo y otros, muchos, olores así de asquerosos impregnan todo partido de futbol importante.

No estuve en el estadio, obviamente y desafortunadamente, pero me basta escuchar el esnobismo del comentarista deportivo mexicano que embarra de inmerecidos adornos las imagenes televisivas, para oler la mierda. Me basta con leer el antiespañolismo en internet, para asquearme del complejo de inferioridad que sufrimos en Latinoamérica. Me basta con ver los mensajes xenófobos de los catalanes para aumentar mi náusea. Me basta con soportar el nacionalismo chileno de aquellos que celebran el gol de su compatriota, para repugnar el mal estado de la sociedad. Me basta con la suciedad de mercenarios que se toman el futbol como si tan solo fuera un juego.

Pero no importa futbol, siempre voy a espantarte las moscas, aguantarme la hediondez de aquellos que te cagan encima, y siempre, pero siempre… te querré. La razón,  es muy sencilla, con todo y la inmundicia que te hemos puesto, eres el más hermoso de los deportes y cada fin de semana, nos regalas el partido más importante del año.

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El Clásico

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El Clásico

La palabra es imponente en si misma: Clásico. Es una de esas palabras que uno no se atreve a escribirla en minúscula, una palabra pesada que hasta se pronuncia con mayor fuerza. Una palabra de esas que forzosamente necesitan un sustantivo. No puede ser clásico así nomas, debe decirse “El Clásico”. Como no se puede decir guerra civil así nomas, debe decirse “La Guerra Civil”, si de verdad queremos explicarnos. Debe decirse pues; mañana se juega El Clásico.

En tiempos donde el romanticismo cabía aún en el futbol profesional; el Real Madrid servía como insignia de la Hispanidad, del franquismo, de la monarquía incluso. En esos mismos tiempos; El Barcelona representaba la España laica, progresista, rebelde, esa que renegaba de esa hispanidad, y resistía en su(s) nacionalismo(s).

Con el correr del tiempo, donde el arroyo va convirtiéndose en historia; y va dejando charcos que después llamamos leyendas. Han quedado episodios que han alimentado esta rivalidad. En 1920 el dictador Primo de Rivera clausuró por seis meses el campo del Barça por el abucheo de la marcha real y las protestas contra la dictadura. En La Guerra Civil, franquistas fusilaron al presidente del club catalá Josep Sunyol, que era político de Esquerra Republicana de Catalunya, en la Sierra de Guadarrama.

Una vez entrado el franquismo, Francisco Franco hizo del Real Madrid su equipo. El equipo blanco se convirtió en el dominador no sólo de la liga local (es el equipo con más títulos) sino también de la Liga de Campeones de Europa, donde es también el equipo más ganador con nueve campeonatos, cinco de ellos consecutivos (de 1956 a 1960).

El Barcelona, definido por el escritor Manuel Vázquez Montalbán como “el ejército simbólico desarmado de la catalanidad”, ha sido siempre un fiel represente del nacionalismo catalán. La nacionalidad catalana hoy día se muestra orgullosa e imponente en las tribunas del Camp Nou, la casa del Barça. También en las celebraciones por la España campeona del mundo, irónico ¿no creen?

La rivalidad entre los dos equipos va más allá de los estadios, los televisores y por supuesto de la cancha. Es una rivalidad que invade el ámbito político y cultural de todo un país, otrora fraccionado. Una rivalidad que las mentes románticas
y muchas veces ingenuas quieren ver como una lucha entre izquierda y derecha, quieren verlo como los tiempos extra de la Guerra Fría. Cuando la realidad es que  dios y el comunismo ya murieron, la Guerra Fría es un partido cuyo final ya fue silbado. Hoy la política es ya ambidiestra.

Sin embargo, este partido sigue siendo uno de los importantes, sigue enfrentando a dos de los mejores equipos de futbol del mundo. Sigue apasionando a multitudes y es uno de los partidos de futbol más vistos y esperados del
mundo. Es el súper clásico, y es un partido de futbol que siempre quiero ver, pues enfrenta a dos equipos de futbol que representan a entes más importantes y poderosos que la España y La Generalidad de Cataluña, mañana se enfrentan algo más que el Real Madrid y el Barcelona FC, mañana no se trata de Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, mañana no se trata del estado contra la nación, mañana no se trata de dos escuelas opuestas dentro del futbol profesional. Mañana se enfrentan el<em> Impossible is nothing</em> y el <em>Just Do It</em>, mañana el clásico lo juegan Nike Vs. Adidas. Usted, ¿A quién le va?

Yo, yo le voy a Nike.

Lucho