Letras, sonidos y otras hierbas

Literatura

World War Z

World War ZFui a Barnes & Nobles a comprar la quinta novela de la saga de Game of Thrones y solo tenían la edición Hard Cover, con la pena del mundo tuve que decirle a la linda chica que me atendía que no quería gastar 35 dólares. Como tampoco quería quedarme sin nada que leer escaneé a mi alrededor y lo primero que llamo mi atención fue World War Z ‘Now a major motion picture’. Supuse que si lo hicieron película, algo bueno debe tener. (más…)

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La desmemoria

La Desmemoria

Chicago está llena de fábricas. Hay fábricas hasta en pleno centro de la ciudad, en torno al edificio más alto del mundo. Chicago está llena de fábricas, Chicago está llena de obreros.

Al llegar al barrio de Haymarket, pido a mis amigos que me muestren el lugar donde fueron ahorcados, en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada primero de mayo.

-Ha de ser por aquí-, me dicen. Pero nadie sabe.

Ninguna estatua se ha erigido en memoria de los mártires de Chicago en la ciudad de Chicago. Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada.

El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día donde coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo; pero en los Estados Unidos, el primero de mayo es un día cualquiera. Ese día, la gente trabaja normalmente, y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo.

Tras la inútil exploración de Haymarket, mis amigos me llevan a conocer la mejor librería de la ciudad. Y allí, por pura casualidad, descubro un viejo cartel que está como esperándome, metido entre muchos otros carteles de cine y música rock.

El cartel reproduce un proverbio del África: Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.

Eduardo Galeano


A Clash of Kings

A Clash of Kings esuna excelente novela de fantasía. La mejor que he leído, o la que más he disfrutado en el año que amenaza con acabarse. Después de seguir la serie televisiva, basada en la primera novela de esta serie (Game of Thrones), que logró cautivarme más de lo esperado. No pude más que ir por las novelas y comenzar este largo viaje por Westeros, del cual para nada me arrepiento. Donde Martin logra arroparnos a los lectores entre todas estas capas de historias, donde unos pocos hacen muy poco pero controlan la vida de muchos. Muy parecido a la realidad. Y hace que las casi mil páginas se sientan tan ligeras, como el viaje en la espalda de un dragón.

Este libro inicia justo donde el anterior termina (aunque suene esto a una obviedad) dándole una continuidad a la historia, logrando que esta segunda parte no se sienta nada forzada. Después de la muerte de Eddard Stark (Por cierto SPOILER ALERT, para que luego no me salgan con que a Chuchita la bolsearon) su hijo Robb es proclamado Rey del Norte (ja, suena a #narcoapodo) por todos sus portaestandartes (¿así se dice?). Mientras, los dos hermanos del fallecido rey (Robert Baratheon) reclaman el trono que queda en manos del hijo (de su pinche madre) Joffrey Baratheon Lannister. Con tantos personajes reclamando el trono de hierro, la tierra de Westeros aguarda a la más devastadora guerra que haya visto en años.

La trama sigue a los personajes que dejo la primera entrega de la saga, pero con fuertes cambios en las vidas de los mismos. Con la poderosa narrativa de Martin, que hace que el lector siempre esté al pendiente de lo que sucede en el reino, lleno de violencia, complot y desesperanza (no, no es México).

Sin embargo, la historia contiene varias sorpresas y algunos cabos sueltos, que nos prometen e invitan a continuar la lectura. La heroicidad de los personajes crece junto con la adversidad, pues los personajes son tan humanos que en soportar su cinscurstancia está el heroismo.

El libro inicia con un personaje nuevo, hasta ahora, Stannis Baratheon uno de los autoproclamados reyes visto por Davos, uno de sus más leales capitanes. Acompañado de Melisandre, una sacerdotisa de una religión monoteista, con impresionantes poderes. Que al final será derrotado por los Lannister’s comandados por el excepcional personaje de Tyrion Lannister.

Robb Stark, el rey del norte, saldrá victorioso cada vez que se enfrente a los Lannister’s, pero su racha será amenazada por los hermanos Baratheon. Su hermana Sansa está como cautiva en la corte del Rey Joffrey y sufre los abusos y humillaciones de este por casi todo el libro. Arya, la otra hermana escapa y emprende su regreso al norte disfrazada de un huérfano y llena tal viaje de aventuras. Mientras en winterfell, los hermanos Brandon y Rickon esperan y esperan. Jon Snow, el hijo bastardo de Eddarrd Stark en la Guardia de la noche.

La trama tanGame Of Thrones - Clash of Kings llena de ricos personajes es díficil de seguir, incluso para el más ávido de los lectores. Pero tiene la gran virtud de poder entretener y pedir más, a pesar de lo largo (casi mil páginas). Clash of Kings, logra contar historia sobre historia evitando aburrir y/o convertirla en una historia pesada, aunque mencione su díficil lectura, pero es por su gran cantidad y desarrollo de personajes.

A pesar de parecer evitar el convencionalismo, el libro sí llega a dividir a los personajes en buenos y malos. A pesar de que la mayoría de estos, tienen sus claroscuros morales, como cualquier humano.

Obviamente, hay que destacar al personaje de Tyrion Lannister. El enano malvado, y el que es sin duda uno de los personajes que marcarán época en la Literatura Fantástica, de la historia.

 


El viajero del tiempo

¡Me recargo en la pared! ¡Chingada madre! ¿Ahora qué chingados voy a hacer? -renegó el viajero del tiempo, antes de darle una patada al TimeTraveler v3.0-.

Esta madre ya se chingó; está poniendo la Edad Media en el 2011. Reflexionó pa’ sus adentros, mientras veía que las reliquias del papa llegaban a la Ciudad de México.


41 clósets

Hacer el amor con mujeres me daba frío, por eso quise probar besos masculinos. Resultó lo mismo.

Tanta jotería, tanta transformación, parece una paradoja de esas que se paran en la calle primera esquina con mutualismo. El saltimbanqui de los géneros literarios, que en cada salto va dejando una estela de letras ordenadas de manera tan sencilla que dibuja una historia simple, entretenida y como suele ser una buena historia, se coje al lector-hembra para hacerle parir una serie de ideas que logran multiplicarse y nacen esos híbridos asquerosos que llamamos (al menos yo los llamo) reflexiones. Todo esto es y no es este libro transgénero: 41 clósets.

41 clósets

CONACULTA/CECUT 2009

Aborde la lectura de esta ¿novela? con la plena convicción de ser un pogresista open-minded versión 3.0, y ahora la abandono pensándome un decimonónico homofóbico de clóset. Y es aquí donde esta la principal  virtud de fondo que tiene la ¿novela (le vuelvo a poner los signos de interrogación pues ahora más que nunca desconfío de esas arbitrarias etiquetas que llaman géneros literarios)? Se convierte en un pensadero  que nos lleva forzosamente a reflexionar, palpar,e incluso oler (y no me ponga cara de fuchi), en ciertos pasajes, como es la jotería sin  (con) tanta mamada. Es un libro gay con bastantes huevos, muy bien pensado y también muy bien narrado.

La forma del libro, que está compenetrada con el fondo (la forma metida hasta el fondo) es un ir y venir de aforismos, versos, narraciones breves y ensayos. Bien atados por una narración que si bien considero tal vez tenga para un poco más, es de fácil (aquí el adjetivo fácil es considerado un elogio) lectura.

41 clósets, es un libro importante que ha ganádose un lugar bastante digno en mi biblioteca personal y seguramente aparecerá en mi lista de recomendaciones, alguna que otra vez.


Un paseo.

Cuando ves una manada de gente, sin parpadear casi y todos volteando a un mismo lugar; algo de lo que merece la pena hablar está pasando. Un muerto, un atropellado al menos, una balacera, dos mujeres peleando, tres autos chocando, cuatro hombres tomados de la mano o una de esas cosas que sabes que no verás (al menos con tus propios ojos) todos los días. Así que cuando me tope con la manada de gente todos volteando al mismo lugar. Hice lo que cualquier persona normal haría: me uní a la manada.

Lo que mi vista naturalmente buscó encontró, y me reconfortó. Pues hoy día las manadas de gente volteando a un mismo lugar, escogen para sostén de la manada cualquier mamada de esas que vemos todos los días: un clochard muriendo, un perro cagando (jijiji), dos amantes imberbes o tres policías comiendo tacos. Pero el lazo invisible que unía (nos) esta manada, fue uno de esos que bien valen llegar tarde a lo que sea, pero nunca sirven de pretexto para nada. Una pelea; un viejo y un jóven. Ambos con un jóven como testigo y como comparsa  de todo el espectáculo una vieja gritando. Aunque nadie podíamos escuchar sus gritos, obviamente.

Detrás de los actores de este improvisado teatro, como parte del escenario podíamos ver dos carros (Uno Nissan Xterra color gfris, y el otro un carro color guinda y suci0, me es imposible nombrar marca y módelo) con las puertas abiertas. Por lo que pude inferir que ambos equipo acaban de bajarse de sus respectivos autos, por lo que ahora sabemos que el pleito lo originó una discordia de tránsito.

El viejo estaba del lado de la Nissan Xterra. Era un viejo de esos que se visten a la usanza del “profesionista”. Con pantalón sastre azul, y una camisa en otra tonalidad, pero esta más clara, de color azul también. Cabello y barba completamente canos y unos lentes delgados; que le daban un aire de arquitecto; por lo que inferimos que el viejo es profesor de la facultad de arquitectura y diseño en el Instituto Tecnológico de Tijuana.

El jóven, de tez morena, delgado y de caminar erguido. Guardia zurda, me consta. Aparecía de mi lado derecho, y capitaneaba al equipo de los recién bajados de ese carro cuya marca y módelo no puedo decir. Por lo que nos es ahora fácil deducir que se llama Mario y trabaja como mensajero de un abógado importante. Obtuvo ese trabajo gracias a su testarudez e inteligencia, que lo llevaron a pasar de ser uno de los empleados de limpieza que trabaja en la oficina, como parte de la empresa a la que se le subrogaba ese servicio, a ser ahora el mensajero y hombre de confianza del importante abogado.

Los dos que acompañaban, a Mario y al arquitecto respectivamente, son igualitos entre sí. Solo los diferenciaba el color y la insignia de sus camisetas. La de uno era color naranja con la palabra aeropostale cruzándole el pecho. Y la del otro era color verde limón, también con la palabra aeropostale cruzándole el pecho. Por lo que nos fue imposible conocer sus nombres. Mientras la vieja sigue gritando, solo que ahorra manotea y seguimos sin escucharla. No importa.

Mario y el arquitecto siguen acercándose amenzantes. No se escucha lo que dicen y gritan. El parloteo, la guasa y las bromas de las alrededor de veinte personas que estamos disfrutando del espectáculo, hacen imposible que los insultos y las amenazas puedan escucharse. Por lo que tenemos que inferir que Mario le dijo al arquitecto que si estuviera más jóven le rompería toditita su puta madre, a lo que el Arquitecto le respondió que era muchacho mugroso y que le faltaban huevos, a Mario obviamente.

Levantaron ambos sus guardias (ahí fue donde me di cuenta que Mario tenía guardia zurda) y se acercaron. Una patada del ahora mensajero por poco y le da en la espinilla al arquitecto. Incluso, le ensució el pantalón al maestro de Bases de Estática y Mecánica de Materiales. Los dos acompañantes amenazaron con el dedo índice y se alejaron todos. Entre el arquitecto y Mario volvió a aparecer una prudente distancia. La vieja no paraba de gritar, y todavía no podemos escucharla.

Con rapidez, todos vuelven a sus autos y se van. El tráfico vuelve a fluir. Y yo me tomé dos minutos (creo que exagero) para pensar. Ojalá y pudiera contarles que Mario acababa de reprobar Bases de Estática y Mecánica de Materiales por segunda ocasión, viéndose obligado a cursar solo una materia el próximo semestre. Habiendo pospuesto su vida por seis meses, un coraje se apoderó de él y siguió al maestro al salir de la escuela. Una vez que la distancia entre el punto a suceder la golpiza y la escuela, podría considerarse prudente. Mario se bajó de su carro de estudiante y fue a reclamarle al arquitecto.  En plena calle. Sirviendo ahora de algo los gritos de la vieja esa que aún no se calla, pues evitaron que Mario golpeara al que fue su maestro. Pero no es así.

Afortunadamente pude memorizar los números de placas de los carros y del arquitecto. Daré una vuelta por Tránsito del Estado. Ahí podré obtener las direcciones. Aunque seguramente el carro de Mario estará a nombre del abogado. Pero podré tener la dirección de su trabajo. Seguramente el abogado pone en todos sus trámites la dirección de la oficina.

Los voy a seguir un par de semanas. Después, ya veré como hacer para que se junten, y encontrarle un buen final a este relato. Con otro poco de suerte, y lo publico.


Las putas asesinas, de Roberto Bolaño.

Putas asesinas

La portada, para que se vea más bonito

Cenizo… exacto, esa es la palabra: cenizo. Estuve buscando un adjetivo para Las Putas Asesinas (Roberto Bolaño, Anagrama, 2003) el libro de relatos del escritor ¿chileno? evocador de uno que otro de esos insomnios voluntarios que suelo disfrutar de vez en vez. Y que esta vez logró dejarme la sensación de haber comido tierra (que nunca la comí, ni de niño, así que estoy imaginando), un sabor a ceniza, mejor dicho o mejor descrito.

Lo interesante de brincar de uno a otro de estos relatos es el espectacular estilo irónico, juguetón y a veces hasta burlesco que tiene Bolaño. Gracias a la forma de narrar, hace digeribles esas historias desangeladas, esas pesadillas que dejan de serlo porque las cuenta un verdadero maestro del arte de las palabras.

Los relatos van del mejor al peor, igual es hasta conveniente ir del último al primero. Probablemente hasta se hayan equivocado en la imprenta, o no dudo ni tantito que el mismo Bolaño haya acomodado sus cuentos, uno tras otro con el orden que le haya dado el azar, o el desorden que le hayan dado sus mismísimos huevos.

El primero de los relatos que valen la pena es: El Ojo Silva, un cuento misterioso y oscuro, con una gran tensión; narrado magistralmente y que deja al lector con ganas de arrancar las hojas del  libro, como si así pudiese uno evitar que los otros lectores se enterasen del secreto que guarda. Un cuento soberbio. Lo sigue Gómez Palacio, un relato desolado como casi cualquier pueblo desolado de México, nada recomendable leerse si es verano, o si está haciendo mucho calor. Luego vienen las historias de B. (que bien podría ser Bolaño, Belano o algún otro B), historias que huelen a Bolaño, a un Bolaño viejo a un Bolaño que fuma mucho a un Bolaño dentro de un confesionario (últimos atardeceres en la tierra, Días de 1978 y Vagabundo en Francia y Bélgica).

Prefiguración de Lalo Cura es un cuento estremecedor, donde la maestría de Bolaño vuelve a hacerse presente para lograr pasear comodamente al lector entre un viejo y vilipendiado actor porno y el hijo de una actriz engañada y boba.

Putas asesinas es el cuento que le da el título al libro, y hablando de confesiones, debo decir que fue el que menos me divirtió; por lo que sospecho que el título del libro responde estrictamente a necesidades mercadológicas. El retorno es el ejemlo del carácter lúdico que la literatura Bolañesca suele tener, y si tengo que volver a confesar (lo siento, me educaron católico) el primer párrafo me arrancó una estrenduosa carcajada, que no le cayó del todo bien a quienes sentabasen a mi lado en ese viaje en taxi (los taxis en Tijuana, son transporte colectivo).

La joyita del libro es Buba, un cuento que habla de ese tema que es mi tema consentido, el futbol profesional. Pasando por los prejuicios y el cosmopolitanismo que se vive, al menos eso se imagina uno, en los vestuarios de los equipos de futbol europeo. Nos deja Bolaño con un relato muy bien jugado, donde el narrador logra dominar los noventa minutos que dura el partido.

Los últimos cuatro (El dentista, Fotos, Carnet de Baile y Encuentro con Enrique Lihn), son relatos divertidos donde encuentro un  hilo que los amarra a los cuatro en paquete, cierto dejo irónico y burlesco para el esnobismo que suele rondar y acompañar la Literatura a cualquier parte del mundo. Con un guiño a los recagantes nacionalismos literarios, pero a la vez con el debido respeto a la Historia y con el bagaje cultural y el conocimiento y la irreverencia que todo escritor debiese tener.

Es Putas Asesinas pues, uno de esos libros que bien valen la pena robarse o bajarse de internet, pues esa trinche Editorial Anagrama, por más alternativa y hipsteril que quiera mostrarse es para ricos*. Al menos, tiene precios para ricos. De lo que el imprescindible Roberto Bolaño, no  tiene culpa ni responsabilidad alguna.

LM

* Ese lloriqueo pueden ustedes no hacerle caso, es tan solo producto de mis pocas ganas de trabajar y la mala suerte que no me ha hecho sacarme la lotería.


Mercadotecnia

Fue justo en la esquina del Blvd. Las Américas y calle de la amargura. Donde está el semáforo aquel, donde mataron al hijo de… no, disculpen, eso fue en otro semáforo.

Los que me conocen saben que las faltas ortográficas pueden ponerme como loco y que algo tan simple como una tilde mal puesta o una tilde no-puesta; puede obsesionarme al grado de convertir una caminata de media hora, en una de tres horas. En una de estas caminatas fue que me topé con este letrero (no puede llamarsele de otra forma) resposado en las piernas de un hombre en silla de ruedas. El Hombre tenía la cara triste, pero la mirada esa que tiene la gente feliz. Paradojas como esta son tan normales en Tijuana que lo extraño es que alguien como yo la haya notado. El letrero era una cartulina verde con letras hechas por manos torpes, un plumón de tinta negra y la prisa matutina. Las letras formaban las siguientes palabras:

“Dios lo vendiga

no puedo trabajar y necesito su coperacion

Dios los vendiga

gracias” (SIC)

Imposible dejar de anotar que no corregí lo anterior. Pero ya ven que luego hay lectores que solo leen un pedazo, lo sacan de su contexto y atentan contra la reputación ortográfica del verdadero dueño y creador del texto; nunca está de más ser precavido y menos tratándose de la reputación ortográfica, ¿qué otra cosa tiene un hombre hoy día?

Esta vez no me puse como loco ante el letrero ni traté de corregirlo. Bueno, sí traté de corregirlo, pero no con el arrebato de las otras veces. Esta vez actué con sutileza, pues a decirles verdad, me causó lástima aquel hombre feliz. No iba a costarme mucho, acaso unos pesos a lo mucho un par de dólares. Además, la satisfacción de corregir ese letrero valdría más que lo otro.

Cruce el Blvd. Las Américas y entré en la Papelería Martínez, salude con prisa a Don Héctor, al chaparro y al Junior (la señora no estaba). Y compré una cartulina color verde fosforecente, un plumón de tinta negra. Y con la misma prisa que se había hecho el letrero anterior, garabatié las letras, solo que ahora sí respeté reglas ortográficas, y el letrero ahora se veía así:

“Dios los bendiga

No puedo trabajar y necesito su cooperación

Dios los bendiga

Gracias.”

Debo admitir también que mi letra es fea, como bien habrán podido imaginarse. Sin embargo, nunca será manchada con la fealdad que conlleva la mala ortografía.  Y así, con la falsa seguridad que da el saber que está haciéndose eso que llaman “una buena obra”, me acerqué al hombre feliz de la silla de ruedas. Con una sonrisa escondida desenrrollé la recién comprada y escrita cartulina. Hube de estirar completamente mis brazos para ponerla frente al hombre, y orgullosamente mostrársela. No tenía que decirle nada, todos entendemos que se la estoy regalando para que pueda continuar con su pediguñería.

La mirada, se le descompuso, se convirtió en una que iba más acorde con la expresión en su rostro, y con un tono de voz bastante rasposo me dijo:

– Sí sé como se escriben pendejo, solo que así saco más dinero.


Cementerio

Qué potroso que fue él, dejo de ser un prángana pues en la povisa pradeña encontró pa’ la poya, así evito quedarse sentado en el poyetón el muy puto.  Fue un pragmático practicante de la praticultura e incluso receptor de preceptos de prácrito y otras disciplinas preadamitas, dicho esto así por lo precario de las palabras que a esta practica preceden. Pasar de teoría a la praxis requiere precausionarse, por lo que os pido preacordemos no prejuzgar, ni prear para arrojar al pozo; permítanme pues ponerles una precesión….

Pasando el preámbulo, volvamos a nuestro precavido personaje que nunca subíase a prao, ni por praliné, ni prasio ni algún otro preciado premio que le fuese prometido. Pues precisamente, la precipitación había previamente llevado al precitado al precito. Por lo predeciblemente predicaba nuestro preestablecido personaje: “No nos precipitemos a preclusión ni tomemos preda precozmente.”

El prefijo pre predispone la predominancia de este predestinado como predispuesto predicamento. Predilección por la cacofonía espero predispongan, de lo contrario el prefabricado prefacio parecerá un pregón de preguerra. Por lo que mi pregunta de pregustación prefiero  preflore en ustedes paciencia a este preliterato o a este intento de preludio. Prelucida la disculpa, la preexistente culpa es ya prehistoria.

Premisos pues, a  Pedro le premía premonición de premuerte. Prelado buscó, premioso en estos menesteres sintió premoriencia. Premiso quedó después de la premunición preinsertada y habiendo prendado. Preparado a cumplir para lo que desde prenato predestinado estaba.

LM

 


Dios es redondo, de Juan Villoro

Dios es Redondo

Portada

Conforme mi vida va acumulando verbos conjugados en pasado perfecto, sigo descubriendo lazos que atan al futbol con la literatura. Letras que llueven sobre las canchas de futbol que al chocar producen libros que hablan de futbol, casualidades y paradojas como una que marca mi vida: soy tan mal intento escritor, como fui (he aquí el pasado perfecto) mal intento de jugador.

Pero este don que tengo para maltratar palabras tan parecido al que tuve para maltratar balones. Me ha llevado a disfrutar como pocos, y como muchos más deberían; libros que parecen haber sido muy bien jugados y partidos que parecen haber sido muy bien escritos. Descubriendo joyitas como la que hoy vengo a recomendarles. Se trata de Dios es redondo, libro de Juan Villoro.

En un país donde el futbol es para nacos y los libros son para fresas. Donde los comentaristas deportivos patean el idioma, peor que Gerardo Torrado a los rivales. El encuentro de las letras y el futbol se da solo en los periódicos deportivos; la mayor parte de las veces para situar a la ficción donde no debería estar: en los periódicos. La ficción en un claro fuera de lugar.

Juan Villoro logra meterse en este match alejadísimo del fair play, para poner a su prosa al servicio de mi metáfora favorita, el futbol como reflejo de la vida. Cuando un libro trata de futbol, es casi inetivable la comparación para con la obra de Eduardo Galeano y su Futbol a sol y sombra, un claro homenaje a la hinchada, a la tribuna, al esperanzado del buen futbol. Villoro, logra hacer un fiel e involuntario reflejo de lo que es la fanaticada mexicana del futbol y comparte el mismo defecto que parece ser recurrente cuando el arte intenta bajar a las canchas de futbol. Es tanto el afan por ser hermoso, que se olvida de  simplemente ser; como el jugador de futbol que cuando debería simplemente dar un pase,  prefiere tirarlo de taquito para quedar bien con la grada. Así sucede con Dios es redondo de repente queda sobrado de adornos, de innecesarios lujos que lo ayudan a ser simplemente hermoso. Como la cascada de elogios que deja caer el autor para el Barcelona FC y la esforzada critica al Real Madrid, que se lleva medio libro. Que deja como accesorio a lo mejor del libro; el imparcial relato de la vida de Diego Maradona y la muy buena crónica que hace de los mundiales 98 y 2002, donde el autor nos muestra lo que mejor hace: narrar. Por último, el libro cierra con un par de conversaciones entre Juan Villoro a quien se le nota le hubiera gustado jugar como Valdano; y un Valdano a quien se le nota le hubiese gustado escribir como Villoro, un par de encuentros arreglados, lleno de frases arregladas y no por eso menos interesantes.

En suma, este es un libro escrito por un crack de las letras en un partido de exhibición (defecto que comparte con el de Galeano), juega  para quedar bien con la tribuna. Y no por esto es un libro aburrido, muy al contrario, se encuentra lleno de divertidas anécdotas, contadas con la maestría y frescura que suelen llevar las palabras de Villoro. Es un libro que me hizo llegar tarde a una cita, es un libro que logro mantenerme minutos de más en el baño. Es un libro, que si y solo si te gusta el futbol, quedas obligado a leer.

LM