Letras, sonidos y otras hierbas

La vida no vale nada

El país se encuentra en estado de shock. Recién nos dimos cuenta que matamos a un niño de seis años. No solo lo matamos, jugamos con él al secuestro, lo golpeamos, lo torturamos y le dimos veintisiete puñaladas. Lo peor, está vez utilizamos a un grupo de adolescentes para asesinar a Christopher Alejandro.

Como es costumbre, en el lenguaje encontramos a nuestro chivo expiatorio. Exigimos justicia (o revancha), cuando deberíamos asumir responsabilidad; nosotros matamos a Christopher Alejandro. Con nuestra cultura de desprecio por la vida, con nuestra aceptación del dolor como algo natural, con nuestro mirar pa’ otro lado cuando las señales están ahí, con nuestro simular que vivimos en otro lado, con nuestro reírnos de todo, con nuestro reírnos por nada.

¿A qué van a jugar los niños en un país donde amanecen cabezas humanas en hieleras con narcomensajes? ¿A qué van a jugar los niños en un país donde se asesinan mujeres? ¿A qué van a jugar los niños en un país donde la vida no vale nada?

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