Letras, sonidos y otras hierbas

Archivo para julio, 2011

41 clósets

Hacer el amor con mujeres me daba frío, por eso quise probar besos masculinos. Resultó lo mismo.

Tanta jotería, tanta transformación, parece una paradoja de esas que se paran en la calle primera esquina con mutualismo. El saltimbanqui de los géneros literarios, que en cada salto va dejando una estela de letras ordenadas de manera tan sencilla que dibuja una historia simple, entretenida y como suele ser una buena historia, se coje al lector-hembra para hacerle parir una serie de ideas que logran multiplicarse y nacen esos híbridos asquerosos que llamamos (al menos yo los llamo) reflexiones. Todo esto es y no es este libro transgénero: 41 clósets.

41 clósets

CONACULTA/CECUT 2009

Aborde la lectura de esta ¿novela? con la plena convicción de ser un pogresista open-minded versión 3.0, y ahora la abandono pensándome un decimonónico homofóbico de clóset. Y es aquí donde esta la principal  virtud de fondo que tiene la ¿novela (le vuelvo a poner los signos de interrogación pues ahora más que nunca desconfío de esas arbitrarias etiquetas que llaman géneros literarios)? Se convierte en un pensadero  que nos lleva forzosamente a reflexionar, palpar,e incluso oler (y no me ponga cara de fuchi), en ciertos pasajes, como es la jotería sin  (con) tanta mamada. Es un libro gay con bastantes huevos, muy bien pensado y también muy bien narrado.

La forma del libro, que está compenetrada con el fondo (la forma metida hasta el fondo) es un ir y venir de aforismos, versos, narraciones breves y ensayos. Bien atados por una narración que si bien considero tal vez tenga para un poco más, es de fácil (aquí el adjetivo fácil es considerado un elogio) lectura.

41 clósets, es un libro importante que ha ganádose un lugar bastante digno en mi biblioteca personal y seguramente aparecerá en mi lista de recomendaciones, alguna que otra vez.


Hace muchos años hubiera sido una carta muy larga, hoy es un mail muy largo.

Lo más interesante de la memoria, es que es incontrolable (por más que intenten decirme que no lo es); al menos la mía… se va y me trae los recuerdo más sorprendentes, más bizarros, los más tuyos. Lo peor, la muy hija de la chingada se aprovecha de cuando estoy dormido, y te trae. Anoche, anoche soñé contigo.

Lo siento, de repente me sobran palabras y pongo muchas  para lo que puede decirse con una muy sencilla pregunta: ¿cómo estás?, pero no me gustan los clichés.

 

Aún dueles. En uno de esos dolorcitos ricos, como cuando tienes una ampolla en un dedo y no puedes evitar estarla tocando. ¿Sabes?
Firma del remitente

P.D. “ Ojalá y te hubiera conocido ayer.”

 

P.D. 2 “Hush, be my secret”


Un paseo.

Cuando ves una manada de gente, sin parpadear casi y todos volteando a un mismo lugar; algo de lo que merece la pena hablar está pasando. Un muerto, un atropellado al menos, una balacera, dos mujeres peleando, tres autos chocando, cuatro hombres tomados de la mano o una de esas cosas que sabes que no verás (al menos con tus propios ojos) todos los días. Así que cuando me tope con la manada de gente todos volteando al mismo lugar. Hice lo que cualquier persona normal haría: me uní a la manada.

Lo que mi vista naturalmente buscó encontró, y me reconfortó. Pues hoy día las manadas de gente volteando a un mismo lugar, escogen para sostén de la manada cualquier mamada de esas que vemos todos los días: un clochard muriendo, un perro cagando (jijiji), dos amantes imberbes o tres policías comiendo tacos. Pero el lazo invisible que unía (nos) esta manada, fue uno de esos que bien valen llegar tarde a lo que sea, pero nunca sirven de pretexto para nada. Una pelea; un viejo y un jóven. Ambos con un jóven como testigo y como comparsa  de todo el espectáculo una vieja gritando. Aunque nadie podíamos escuchar sus gritos, obviamente.

Detrás de los actores de este improvisado teatro, como parte del escenario podíamos ver dos carros (Uno Nissan Xterra color gfris, y el otro un carro color guinda y suci0, me es imposible nombrar marca y módelo) con las puertas abiertas. Por lo que pude inferir que ambos equipo acaban de bajarse de sus respectivos autos, por lo que ahora sabemos que el pleito lo originó una discordia de tránsito.

El viejo estaba del lado de la Nissan Xterra. Era un viejo de esos que se visten a la usanza del “profesionista”. Con pantalón sastre azul, y una camisa en otra tonalidad, pero esta más clara, de color azul también. Cabello y barba completamente canos y unos lentes delgados; que le daban un aire de arquitecto; por lo que inferimos que el viejo es profesor de la facultad de arquitectura y diseño en el Instituto Tecnológico de Tijuana.

El jóven, de tez morena, delgado y de caminar erguido. Guardia zurda, me consta. Aparecía de mi lado derecho, y capitaneaba al equipo de los recién bajados de ese carro cuya marca y módelo no puedo decir. Por lo que nos es ahora fácil deducir que se llama Mario y trabaja como mensajero de un abógado importante. Obtuvo ese trabajo gracias a su testarudez e inteligencia, que lo llevaron a pasar de ser uno de los empleados de limpieza que trabaja en la oficina, como parte de la empresa a la que se le subrogaba ese servicio, a ser ahora el mensajero y hombre de confianza del importante abogado.

Los dos que acompañaban, a Mario y al arquitecto respectivamente, son igualitos entre sí. Solo los diferenciaba el color y la insignia de sus camisetas. La de uno era color naranja con la palabra aeropostale cruzándole el pecho. Y la del otro era color verde limón, también con la palabra aeropostale cruzándole el pecho. Por lo que nos fue imposible conocer sus nombres. Mientras la vieja sigue gritando, solo que ahorra manotea y seguimos sin escucharla. No importa.

Mario y el arquitecto siguen acercándose amenzantes. No se escucha lo que dicen y gritan. El parloteo, la guasa y las bromas de las alrededor de veinte personas que estamos disfrutando del espectáculo, hacen imposible que los insultos y las amenazas puedan escucharse. Por lo que tenemos que inferir que Mario le dijo al arquitecto que si estuviera más jóven le rompería toditita su puta madre, a lo que el Arquitecto le respondió que era muchacho mugroso y que le faltaban huevos, a Mario obviamente.

Levantaron ambos sus guardias (ahí fue donde me di cuenta que Mario tenía guardia zurda) y se acercaron. Una patada del ahora mensajero por poco y le da en la espinilla al arquitecto. Incluso, le ensució el pantalón al maestro de Bases de Estática y Mecánica de Materiales. Los dos acompañantes amenazaron con el dedo índice y se alejaron todos. Entre el arquitecto y Mario volvió a aparecer una prudente distancia. La vieja no paraba de gritar, y todavía no podemos escucharla.

Con rapidez, todos vuelven a sus autos y se van. El tráfico vuelve a fluir. Y yo me tomé dos minutos (creo que exagero) para pensar. Ojalá y pudiera contarles que Mario acababa de reprobar Bases de Estática y Mecánica de Materiales por segunda ocasión, viéndose obligado a cursar solo una materia el próximo semestre. Habiendo pospuesto su vida por seis meses, un coraje se apoderó de él y siguió al maestro al salir de la escuela. Una vez que la distancia entre el punto a suceder la golpiza y la escuela, podría considerarse prudente. Mario se bajó de su carro de estudiante y fue a reclamarle al arquitecto.  En plena calle. Sirviendo ahora de algo los gritos de la vieja esa que aún no se calla, pues evitaron que Mario golpeara al que fue su maestro. Pero no es así.

Afortunadamente pude memorizar los números de placas de los carros y del arquitecto. Daré una vuelta por Tránsito del Estado. Ahí podré obtener las direcciones. Aunque seguramente el carro de Mario estará a nombre del abogado. Pero podré tener la dirección de su trabajo. Seguramente el abogado pone en todos sus trámites la dirección de la oficina.

Los voy a seguir un par de semanas. Después, ya veré como hacer para que se junten, y encontrarle un buen final a este relato. Con otro poco de suerte, y lo publico.


Las putas asesinas, de Roberto Bolaño.

Putas asesinas

La portada, para que se vea más bonito

Cenizo… exacto, esa es la palabra: cenizo. Estuve buscando un adjetivo para Las Putas Asesinas (Roberto Bolaño, Anagrama, 2003) el libro de relatos del escritor ¿chileno? evocador de uno que otro de esos insomnios voluntarios que suelo disfrutar de vez en vez. Y que esta vez logró dejarme la sensación de haber comido tierra (que nunca la comí, ni de niño, así que estoy imaginando), un sabor a ceniza, mejor dicho o mejor descrito.

Lo interesante de brincar de uno a otro de estos relatos es el espectacular estilo irónico, juguetón y a veces hasta burlesco que tiene Bolaño. Gracias a la forma de narrar, hace digeribles esas historias desangeladas, esas pesadillas que dejan de serlo porque las cuenta un verdadero maestro del arte de las palabras.

Los relatos van del mejor al peor, igual es hasta conveniente ir del último al primero. Probablemente hasta se hayan equivocado en la imprenta, o no dudo ni tantito que el mismo Bolaño haya acomodado sus cuentos, uno tras otro con el orden que le haya dado el azar, o el desorden que le hayan dado sus mismísimos huevos.

El primero de los relatos que valen la pena es: El Ojo Silva, un cuento misterioso y oscuro, con una gran tensión; narrado magistralmente y que deja al lector con ganas de arrancar las hojas del  libro, como si así pudiese uno evitar que los otros lectores se enterasen del secreto que guarda. Un cuento soberbio. Lo sigue Gómez Palacio, un relato desolado como casi cualquier pueblo desolado de México, nada recomendable leerse si es verano, o si está haciendo mucho calor. Luego vienen las historias de B. (que bien podría ser Bolaño, Belano o algún otro B), historias que huelen a Bolaño, a un Bolaño viejo a un Bolaño que fuma mucho a un Bolaño dentro de un confesionario (últimos atardeceres en la tierra, Días de 1978 y Vagabundo en Francia y Bélgica).

Prefiguración de Lalo Cura es un cuento estremecedor, donde la maestría de Bolaño vuelve a hacerse presente para lograr pasear comodamente al lector entre un viejo y vilipendiado actor porno y el hijo de una actriz engañada y boba.

Putas asesinas es el cuento que le da el título al libro, y hablando de confesiones, debo decir que fue el que menos me divirtió; por lo que sospecho que el título del libro responde estrictamente a necesidades mercadológicas. El retorno es el ejemlo del carácter lúdico que la literatura Bolañesca suele tener, y si tengo que volver a confesar (lo siento, me educaron católico) el primer párrafo me arrancó una estrenduosa carcajada, que no le cayó del todo bien a quienes sentabasen a mi lado en ese viaje en taxi (los taxis en Tijuana, son transporte colectivo).

La joyita del libro es Buba, un cuento que habla de ese tema que es mi tema consentido, el futbol profesional. Pasando por los prejuicios y el cosmopolitanismo que se vive, al menos eso se imagina uno, en los vestuarios de los equipos de futbol europeo. Nos deja Bolaño con un relato muy bien jugado, donde el narrador logra dominar los noventa minutos que dura el partido.

Los últimos cuatro (El dentista, Fotos, Carnet de Baile y Encuentro con Enrique Lihn), son relatos divertidos donde encuentro un  hilo que los amarra a los cuatro en paquete, cierto dejo irónico y burlesco para el esnobismo que suele rondar y acompañar la Literatura a cualquier parte del mundo. Con un guiño a los recagantes nacionalismos literarios, pero a la vez con el debido respeto a la Historia y con el bagaje cultural y el conocimiento y la irreverencia que todo escritor debiese tener.

Es Putas Asesinas pues, uno de esos libros que bien valen la pena robarse o bajarse de internet, pues esa trinche Editorial Anagrama, por más alternativa y hipsteril que quiera mostrarse es para ricos*. Al menos, tiene precios para ricos. De lo que el imprescindible Roberto Bolaño, no  tiene culpa ni responsabilidad alguna.

LM

* Ese lloriqueo pueden ustedes no hacerle caso, es tan solo producto de mis pocas ganas de trabajar y la mala suerte que no me ha hecho sacarme la lotería.