Letras, sonidos y otras hierbas

Archivo para abril, 2011

El sicario room 164

El vídeo completo del documental: El Sicario, room 164. Un documental donde un sicario relata los métodos de reclutamiento, tortura y funcionamiento del crimen organizado.

La cinta fue realizada por el escritor y periodista estadounidense Charles Bowden y el cineasta italiano Gianfranco Rosi/


Jueves Santo

Roots bloody roots
Roots bloody roots
Roots bloody roots
Roots bloody

I believe in our fate
We don’t need to fake
It’s all we wanna be
Watch me freak

I say we’re growing every day
Getting stronger in every way
I’ll take you to a place where we shall find our
Roots bloody roots
Roots bloody roots
Roots bloody roots
Roots bloody roots
Rain bring me the strength to get to another day
And all I want to see
Set us free
Why can’t you see?
Can’t you feel this is real?

I pray we don’t need to change our ways to be saved
That all we wanna be
Watch us freak


Qué chula mi narcocultura

Qué chula mi narcolcultura

Qué chula mi narcocultura: texto de Heriberto Yépez en Milenio.

La ácidez de Heriberto Yépez y de sus opiniones suele ser díficil de diregir. Sus opiniones suelen atacar el principal problema que tiene nuestro país, el de no aceptarse tal como es  (lo siento pero el plural mayestático me caga); estamos en un país donde la realidad hablada/escrita pretende sustituir a la realidad real.

Yépez tiene una manía de mostrarle a la intelectualidad mexinaca sus verdadero(s) yo (es). Y es justo esta manía, la que a mi parecer lo lleva a cometer un pequeño error de juicio. Con esta columna busca embarrarles en la cara a los hipstersintelectualesdeizquierda que abundan en el país, su hipocrecía y esa nociva orgía ideológica con la que sazonan sus decires y, peor aún, sus pensares. Al pedirles que o no se quejen del narco, o no se droguen (como pedirle a un perro que no ladre, ¿no creen?) Algo en lo  que eriberto tiene razón.  Y los acusa, además, de convertirse en patrocinadores de la violencia, en un claro intento de buscar que los monitores de las mac’s sonrojen los cachetitos de los ya mencionados hipstersintelectualesdeizquierda. Sin embargo, creo que hay algo más importante que debemos considerar. La violencia que vivimos ahora, no viene del narcotráfico. Es una violencia que está en la esencia de México, es una violencia que vive en nosotros. El problema, es que somos demasiados los que estamos dispuestos a hacer cualquier cosa por no trabajar y tener una compu, conexión a internet de un chingo de megas, boletos para estadios de futbol, boletos de avión, comprar libros, ipad’s, conciertos, cd’s, entradas al cine, y un larguísimo etcétera (aquí, cada quien escoge lo que para él quiere, para ilustrar el ejemplo puse lo que a mi en este momente me apetece). Heriberto, la gente se droga; si no le compra a los narcos, se drogará con la televisión, con la masturbación, vamos, hasta coleccionando sellos postales. Si el crimen organizado no vende droga, encontrará otros medios (peores ante los ojos de muchos) de financiar su no-trabajar-y-mucho-consumir. El problema que tenemos, es que ser narco es un medio fácil para los mexicanos de vivir como la televisión dice. El problema que tenemos, no es de seguridad o salud pública; es un problema estético. El problema es que la violencia está curada, pues.

Intelectuales, antes de cualquier otra cosa lo que nos hace falta es entender el significado que tiene la siguiente palabra: narco. Y olvídense de la Real Academia y de sus libros de etimologías. Necesitan darse una vueltecita por la realidad. Y al que me pregunte ¿qué es eso? Pues es eso que sucede, mientras tú y yo estamos viendo películas.

LM

http://impreso.milenio.com/node/8944816


El Clásico

<a href=”http://edmhdm.tk/wp-content/uploads/2011/04/nike-adidas2.jpg”><img src=”http://edmhdm.tk/wp-content/uploads/2011/04/nike-adidas2-300×235.jpg&#8221; alt=”” title=”nike-adidas2″ width=”300″ height=”235″ /></a>

El Clásico

La palabra es imponente en si misma: Clásico. Es una de esas palabras que uno no se atreve a escribirla en minúscula, una palabra pesada que hasta se pronuncia con mayor fuerza. Una palabra de esas que forzosamente necesitan un sustantivo. No puede ser clásico así nomas, debe decirse “El Clásico”. Como no se puede decir guerra civil así nomas, debe decirse “La Guerra Civil”, si de verdad queremos explicarnos. Debe decirse pues; mañana se juega El Clásico.

En tiempos donde el romanticismo cabía aún en el futbol profesional; el Real Madrid servía como insignia de la Hispanidad, del franquismo, de la monarquía incluso. En esos mismos tiempos; El Barcelona representaba la España laica, progresista, rebelde, esa que renegaba de esa hispanidad, y resistía en su(s) nacionalismo(s).

Con el correr del tiempo, donde el arroyo va convirtiéndose en historia; y va dejando charcos que después llamamos leyendas. Han quedado episodios que han alimentado esta rivalidad. En 1920 el dictador Primo de Rivera clausuró por seis meses el campo del Barça por el abucheo de la marcha real y las protestas contra la dictadura. En La Guerra Civil, franquistas fusilaron al presidente del club catalá Josep Sunyol, que era político de Esquerra Republicana de Catalunya, en la Sierra de Guadarrama.

Una vez entrado el franquismo, Francisco Franco hizo del Real Madrid su equipo. El equipo blanco se convirtió en el dominador no sólo de la liga local (es el equipo con más títulos) sino también de la Liga de Campeones de Europa, donde es también el equipo más ganador con nueve campeonatos, cinco de ellos consecutivos (de 1956 a 1960).

El Barcelona, definido por el escritor Manuel Vázquez Montalbán como “el ejército simbólico desarmado de la catalanidad”, ha sido siempre un fiel represente del nacionalismo catalán. La nacionalidad catalana hoy día se muestra orgullosa e imponente en las tribunas del Camp Nou, la casa del Barça. También en las celebraciones por la España campeona del mundo, irónico ¿no creen?

La rivalidad entre los dos equipos va más allá de los estadios, los televisores y por supuesto de la cancha. Es una rivalidad que invade el ámbito político y cultural de todo un país, otrora fraccionado. Una rivalidad que las mentes románticas
y muchas veces ingenuas quieren ver como una lucha entre izquierda y derecha, quieren verlo como los tiempos extra de la Guerra Fría. Cuando la realidad es que  dios y el comunismo ya murieron, la Guerra Fría es un partido cuyo final ya fue silbado. Hoy la política es ya ambidiestra.

Sin embargo, este partido sigue siendo uno de los importantes, sigue enfrentando a dos de los mejores equipos de futbol del mundo. Sigue apasionando a multitudes y es uno de los partidos de futbol más vistos y esperados del
mundo. Es el súper clásico, y es un partido de futbol que siempre quiero ver, pues enfrenta a dos equipos de futbol que representan a entes más importantes y poderosos que la España y La Generalidad de Cataluña, mañana se enfrentan algo más que el Real Madrid y el Barcelona FC, mañana no se trata de Cristiano Ronaldo y Lionel Messi, mañana no se trata del estado contra la nación, mañana no se trata de dos escuelas opuestas dentro del futbol profesional. Mañana se enfrentan el<em> Impossible is nothing</em> y el <em>Just Do It</em>, mañana el clásico lo juegan Nike Vs. Adidas. Usted, ¿A quién le va?

Yo, yo le voy a Nike.

Lucho


60 Revolutions – Gogol Bordello

Una de las mejores bandas de una de esas músicas inclasificables, divertidos, inteligentes y peculiares… todos unos piantados:


Mercadotecnia

Fue justo en la esquina del Blvd. Las Américas y calle de la amargura. Donde está el semáforo aquel, donde mataron al hijo de… no, disculpen, eso fue en otro semáforo.

Los que me conocen saben que las faltas ortográficas pueden ponerme como loco y que algo tan simple como una tilde mal puesta o una tilde no-puesta; puede obsesionarme al grado de convertir una caminata de media hora, en una de tres horas. En una de estas caminatas fue que me topé con este letrero (no puede llamarsele de otra forma) resposado en las piernas de un hombre en silla de ruedas. El Hombre tenía la cara triste, pero la mirada esa que tiene la gente feliz. Paradojas como esta son tan normales en Tijuana que lo extraño es que alguien como yo la haya notado. El letrero era una cartulina verde con letras hechas por manos torpes, un plumón de tinta negra y la prisa matutina. Las letras formaban las siguientes palabras:

“Dios lo vendiga

no puedo trabajar y necesito su coperacion

Dios los vendiga

gracias” (SIC)

Imposible dejar de anotar que no corregí lo anterior. Pero ya ven que luego hay lectores que solo leen un pedazo, lo sacan de su contexto y atentan contra la reputación ortográfica del verdadero dueño y creador del texto; nunca está de más ser precavido y menos tratándose de la reputación ortográfica, ¿qué otra cosa tiene un hombre hoy día?

Esta vez no me puse como loco ante el letrero ni traté de corregirlo. Bueno, sí traté de corregirlo, pero no con el arrebato de las otras veces. Esta vez actué con sutileza, pues a decirles verdad, me causó lástima aquel hombre feliz. No iba a costarme mucho, acaso unos pesos a lo mucho un par de dólares. Además, la satisfacción de corregir ese letrero valdría más que lo otro.

Cruce el Blvd. Las Américas y entré en la Papelería Martínez, salude con prisa a Don Héctor, al chaparro y al Junior (la señora no estaba). Y compré una cartulina color verde fosforecente, un plumón de tinta negra. Y con la misma prisa que se había hecho el letrero anterior, garabatié las letras, solo que ahora sí respeté reglas ortográficas, y el letrero ahora se veía así:

“Dios los bendiga

No puedo trabajar y necesito su cooperación

Dios los bendiga

Gracias.”

Debo admitir también que mi letra es fea, como bien habrán podido imaginarse. Sin embargo, nunca será manchada con la fealdad que conlleva la mala ortografía.  Y así, con la falsa seguridad que da el saber que está haciéndose eso que llaman “una buena obra”, me acerqué al hombre feliz de la silla de ruedas. Con una sonrisa escondida desenrrollé la recién comprada y escrita cartulina. Hube de estirar completamente mis brazos para ponerla frente al hombre, y orgullosamente mostrársela. No tenía que decirle nada, todos entendemos que se la estoy regalando para que pueda continuar con su pediguñería.

La mirada, se le descompuso, se convirtió en una que iba más acorde con la expresión en su rostro, y con un tono de voz bastante rasposo me dijo:

– Sí sé como se escriben pendejo, solo que así saco más dinero.