Letras, sonidos y otras hierbas

¿Cómo calentar un clásico?

La de ayer, fue una de esas necesarias tardes de dormir mucho, hacer poco y comer más. Los domingos al atardecer, se llega la muy mexicana costumbre de “comer afuera”, buscar algún restaurante cercano a casa salir-ordenar-comer-regresar, tal vez pasar al cine. Para terminar bastante cansado (quién sabe de qué) y meterse a dormir otro poco.

En medio de esa tarde descrita, con un pie en el suelo y el otro completamente estirado sobre el sillón, el pantalón desabotonado para darle libertad a las lonjas que se encuentran en pleno desarrollo. Por algo muy parecido a la inercia tomó el control (de la televisión, de la situación nunca; mi esposa estaba conmigo en casa) y prendo la televisión. Un canal, otro, otro, otro, otro, otro. La televisión es siempre aburrida, siempre.

¡Hay portero! Fue el grito de mi vecino que me hizo recordar: hoy juegan América y Chivas. Bajé el volumén de la mía, y podía escuchar la suya (la de mi vecino), estoy obviamente hablando de los televisores. Enfadoso el partido, enfadados los jugadores e inexistente el futbol. Comencé con algo de voyeurismo futbolístico, donde me di cuenta que mi vecino: le va al América .

Tuve que esperar veintitres minutos para lanzar el primer ataque. Fue por conducto de Vicente Sánchez, este decadente jugador que otrora fuese un dominante delantero de nuestra liga, hoy conjugado en pasado imperfecto. Que tuvo un balón a modo y mandó su cabezazo lejos de la portería chiva. Ahí lance el grito: ¡Huevos putos!¡Nos la pelan! Seguido por un silencio y la inquisidora mirada de mi mujer, endulzada con la complicidad que tienen las miradas de las mujeres.

Pasaron otros trece minutos, esta vez, fue Jorge Enriquez, un malísimo contención que juega en chivas, de quien Alberto Coyote estaría avergonzado. Quién, sabrá dios cómo, llevó la pelota al área contraria, donde la pateó con la única intención de deshacerse de ella, para estrellarla en la ontológica materia del portero americanista ¡Chingada madre! -fue mi gritó-. ¡Aquí también tenemos con qué, putos! -fue la anhelada respuesta de mi vecino. Para nosotros, ese fue el silbatazo inicial del partido.

Lo intentamos, incluso fantaseamos y gritamos por jugadas inexistentes, coreamos olés, azotamos puertas, hasta pude escuchar cuando mi vecino regaño a su vieja. Vamos, nosotros hicimos un clásico. Yo por este altruismo futbolístico, donde decidí pasar por un partido donde nadie me invitó, pero que mucho me necesitan. Mi vecino por su americanismo. Los comentaristas adornando el partido con eufemismos y adjetivos situados en indiscutible fuera de lugar. Los aficionados en el estadio, y todos los que me topé más tarde en el cine, viendo Actividad Paranormal 2, portando orgullosos su camiseta (de Chiva o de América, para el caso importa lo mismo). Todos, hicimos nuestra parte. Los que, como ya es costumbre, quedaron a deber fueron… vamos, ustedes saben quienes fueron.

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